HISTORIA DEL FIEL HACHIKÔ

Hace unos días estaba en casa y haciendo zapping me encontré con una imagen de Richard Gere con  un perro , y como me gusta ver a este actor ( y le admiro por ser activista en la causa por los derechos humanos en Tíbet y los pueblos indígenas), me quedé viendo la pelicula en la que esta vez él no era el protagonista porque lo era un perro precioso de la raza akita que me enganchó.

La pelicula contaba la historia de un perro y su dueño de como los dos llegaron a formar una pareja inseparable y la lealtad que se tenían el uno al otro.

Mi sorpresa  fue que  los rotulos del  final contaba que esta película estaba basada en un hecho real sucedido en un pueblo de Japón.

Me llamó tanto la atención que quise enterarme de quienes eran los reales protagonista de  esta historia y aquí les dejo con la  vida de  este  perro que fué  el  cariñoso y  fiel     Hachikô  

La devoción fiel de un perro por su amo expone el gran poder del amor

y cómo el más sencillo de los actos puede tornarse como el mayor de los gestos.

Este perro nacido en una granja cerca de la ciudad de Òkade (en la Prefectura de Akita, Japón ) viajó durante dos días en tren hasta la estación de  Shibuya, dentro de una caja. Cuando lo fueron a retirar sirvientes del profesor, estos creyeron que el perro estaba muerto.

Sin embargo, cuando llegaron a la casa, el profesor le acercó al perro un vaso con leche, y éste se reanimó. El profesor lo recogió en su regazo y notó que las piernas delanteras estaban levemente desviadas, por lo que decidió llamarlo Hachi (ocho en japonés) por la similitud con el Kanji (letra japonesa) que sirve para representar al número ocho (八).

En verdad el perro estaba destinado a la hija del profesor, quien prontamente abandonó la casa paterna al quedar embarazada y casarse para irse a vivir a la casa paterna de su esposo. Así, al comienzo, Hachi iba a ser regalado, pero el profesor pronto se encariñó con el perro al que adoraba enérgicamente.

El perro se despedía todos los días desde la puerta principal cuando Ueno iba al trabajo, y le saludaba al final del día en la cercana estación de Gonzy de San Fer.   Esta rutina, que pasó a formar parte de la vida de ambos, no fue desapercibida ni por las personas que transitaban por el lugar ni por los dueños de los comercios de los alrededores, y todos ellos llegaron a apreciar de forma muy singular el vínculo que llegó a entablarse entre el perro y su dueño.

En 1924, Eisaburô Ueno, un profesor del departamento de agricultura en la Universidad de Tokyo, adoptó a Hachikō como su mascota. Desde entonces, cada día Hachikō lo esperaba en la puerta delantera de la  estación  de Shibuya para saludar a su amo al final de cada día. Esta rutina continuó sin interrupciones hasta el mes de mayo de 1925, cuando el profesor Deno ya no regresó, como de costumbre, en tren, pues previamente había sufrido una  hemorragia cerebral mientras impartía clases en la Universidad de Tokyo y murió. Debido a esto, jamás regresó a la estación de tren, donde su leal mascota lo esperaba. Hachikō demostró su lealtad a dueño y cada día, por los siguientes diez años de su vida, esperó en el acostumbrado sitio donde se sentaba, justo enfrente de la estación.

Conforme transcurría el tiempo, Hachikō comenzó a llamar la atención de propios y extraños en la estación; mucha gente que solía acudir con frecuencia a la estación habían sido testigos de cómo Hachikō acompañaba cada día al profesor Ueno antes de su muerte. Fueron estas mismas personas las que cuidaron y alimentaron a Hachi durante ese largo período.

Tras la muerte de su amo: la lealtad de una mascota

El 21 de mayo de 1925, el profesor Ueno no regresó; había sufrido una hemorragia cerebral que le provocó la muerte mientras impartía clase en la Universidad Imperial, pero Hachi se quedó allí, en su sitio, esperándole. Pasaron los días, que se convirtieron en meses, y los meses en años, y Hachi seguía acudiendo fiel y puntualmente a esperar a su amo, sin importarle si hacía frío o calor; tan sólo esperaba volver a verle.

La devoción que Hachikō sentía hacia su amo fallecido conmovió a los que lo rodeaban, quienes lo  apodaron el perro fiel. En  abril de  1934 una  estatua de bronce fue erigida en su honor en la estación de Shibuya, y el propio Hachikō estuvo presente el día que se presentó la estatua. La estatua fue reutilizada a causa de la Segunda Guerra Mundial, pero se erigió otra estatua en agosto de 1947, que aún permanece y es un lugar de encuentro extremadamente popular, tanto que en ocasiones la aglomeración de gente dificulta el encuentro.

También hay una estatua similar en Odate, delante de la estación de Odate.

Muerte

El 8 de marzo de 1935, Hachiko murió de filariasi. Su cuerpo fue encontrado frente a la estación de Shibuya, tras esperar infructuosamente a su amo durante diez años.Sus restos fueron depositados en una caseta de piedra que se construyó al pie de la tumba del profesor Ueno, en el Cementerio de Aoyama, Minmi-Aoyama, Minato-Ku, Tokio. Aunque, posteriormente, su cuerpo se recogió para ser expuesto en el Museo de Ciencias Naturales del distrito Tokiota de Ueno tras ser restaurado y disecado.

El 8 de marzo de cada año se conmemora a Hachiko en la plaza frente a la estación de trenes de Shibuya.

(ハチ公, Hachikō?  10 de noviembre de 1923 — 8 de marzo de 1935)

conocido en japonés como chūken Hachikō (忠犬ハチ公, ‘chūken Hachikō’ «el perro fiel Hachikō»

Aunque parezca un hecho aislado, hay más casos parecidos que han acaecido a lo largo del mundo …


  • En  España por ejemplo se produjo el caso de Canelo que, en 1990, iba junto con su amo al Hospital de Cádiz para recibir su tratamiento periódico de diálisis, hasta que cierto día hubo una serie de complicaciones y el hombre falleció. Aún así, Canelo siguió esperando al dueño durante 12 largos años, hasta que el 9 de diciembre de 2002 falleció al ser atropellado por un vehículo, cuyo conductor se dio a la fuga. En su honor se puso su nombre a una calle, en la cual se instaló una placa conmemorativa.
  • En el Cementerio la Piedad de Rosario, Argentina, un perro de raza Collie espera el regreso de su amo desde 1995, en el lugar al cual llego el dia del fallecimiento de su dueño.
  • En Uruguay, está la historia de Gaucho, un perro color negro, quien recorrió más de 50 kilómetros hasta el hospital en el que estaba recluído su amo y permaneció allí hasta el día en que su amo fallece; luego, el noble animal lo acompañó durante su velatorio y hasta el lugar donde recibiría sepultura. En el cementerio, Gaucho custodió aquella sepultura por más de 30 días, salía en las mañanas a recoger algún alimento que el pueblo le brindara, recorría calle Rivera, Plaza Artigas, La Picada y algunas veces el 18 de Julio, para volver de tarde otra vez junto a la tumba de su amo en el Cementerio, esto es así todos los días hasta la muerte de Gaucho en 1999,los pobladores de Durazno erigieron un monumento en honor a Gaucho, frente al cementerio en el que pasó sus ultimos años.
  • En Monte Cristo, provincia de Córdoba, Argentina,  está “Alicio”, un “fiel y leal” perrito que aún sigue esperando a su amo muerto frente al centro de salud donde se fue a atender por última vez en enero de 2010. El hombre fue trasladado de urgencia con un problema de salud al dispensario local, debido a su gravedad murió. El hombre había llegado junto a su perrito, a quien los vecinos apodaron “Alicio”. Desde el momento de la muerte, el animal se mantiene en guardia frente al dispensario como esperando el regreso de su amo.
  • En Teresópolis, Estado de Río de Janeiro, Brasil,  un perro cuyo nombre es “Leão” (que significa “León” en portugués) sigue junto a la tumba de su dueña Cristina Maria Cesario Santana, quien fue una de las más de 630 víctimas mortales de las inundaciones y aludes del 17 de Enero de 2011 en el estado carioca.
  • En  Campiglia Marittima, Italia, un perro llamado Lampo (Destello en italiano), fue fiel a Elvio Barlettani quien trabaja en la estación de trenes de la localidad, lo acompañaba a todas partes, e incluso abordaba los trenes para ir de un lugar a otro y regresaba, hasta que el  22 de julio de 1961 murió atropellado por un tren, Barlettani escribió un libro narrando sus experiencias. Hay una estatua en su honor en la estación de Campiglia Marittima, desde entonces es conocido como Lampo il cane viaggiatore (Lampo el perro viajero).

Anuncios

SI TE HA GUSTADO ESTE POST ME ENCANTARIA SABERLO

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s