HISTORIAS DE AMERICA

El Continente Americano esconde entre sus selvas y desiertos

las historias mas extraordinarias llenas de imaginación y belleza.

Aquí les dejo algunas que me han parecido muy bonitas.

¸.•*¨`*•..¸ƸӜƷ  –  EL REGALO DE LA LUNA  –  ƸӜƷ ¸.•*¨`*•..¸

 la Luna caprichosa decia…

¿Por dónde podré bajar?, se preguntaba la solitaria luna paseándose por el cielo. El inmenso espacio azul le parecía una jaula y su único amigo era el aire. Lo envidiaba por su libertad para desplazarse de un lado a otro jugueteando con las nubes. Su mayor anhelo era pisar esa verde alfombra de las praderas que veía desde arriba, y dejarse resbalar por las colinas que descendían hasta un profundo y misterioso manchón azul.
-Quiero conocer ese otro cielo que tienen abajo -le contó al aire.
No es el cielo, mi amiga -silbó él-, es el mar.

Se acrecentaron sus deseos y en un ataque de mal genio gritó:
-¡Quiero bajar! ¡Quiero bajar!

Una estrella peleadora le dijo:
-¿Para qué formas berrinche? Eres centinela de la noche y no puedes dejar tu puesto.

Al verla llorar lágrimas de plata, las nubes se pusieron de acuerdo. Ellas la comprendían, porque en sus viajes siempre admiraron la tierra.

–Te vamos a ayudar para que no se note tu ausencia -le dijeron-. Cada una de nosotras colgará sutiles gasas de neblina y entre todas formaremos un telón, que dejará la noche más oscura que boca de lobo.

-¿Qué es eso? -preguntó ingenuamente la luna.

El arco iris prestó su escala de siete colores, y la luna, con una capa negra, un aderezo de tules y una coronita de estrellas, como una reina, bajó orgullosa. La tierra le abría al fin sus brazos amorosos, sus lagos y sus abanicos de palmera. La primera sensación que experimentó fue la de volar, de ser libre como un pájaro, hasta que sus pies tocaron unas agrestes colinas cubiertas de vegetación, entre las que cantaba el río Paraná. Se volvió niña, fascinada por las flores y los perfumes. Al mirarse en las aguas, su cara redonda le pareció demasiado pálida entre los coloreados frutos. Hubiera querido ponerse trenzas y parecer una campesina.

-¿Dónde habrá niños? – se preguntaba, sin saber que era este un lugar tropical y muy desierto.
-Ven a nadar – la invitó el río con un murmullo de cascadas.

No se hizo de rogar la traviesa luna. Se despojó de su paca y tules y de su coronita de estrellas para sumergirse en las rumorosas aguas que se llenaron de reflejos. En el oleaje aparecía y desaparecía, cual un barco redondo y blanco, y era ella la que miraba el cielo, un tanto oscuro sin su presencia.

“Ahora -pensaba- que he probado los frutos y conozco eso verde que es el pasto, los helechos y el agua; ahora que he aquietado este deseo de tierra, podré volver a mi sitio y ser para siempre una luz lejana, que alumbre los caminos del mundo y las ventanas de sus casas. Pero, ¡qué bueno fue mirar desde abajo!”
Ni se acordaba del cielo y lo encontró lindo.

Con su falta de experiencia olvidóse del jaguar, el temible animal de la selva que en las noches busca siempre alguna víctima para calmar su feroz apetito. Agazapado entre los juncos, vio a la luna, le pareció una gran tortilla de maíz, un tanto cruda tal vez. Cuando quiso abalanzarse a devorarla, el cuchillo de un diestro cazador terminó con su hambre y con su vida. Este hombre con su mujer e hija eran los únicos habitantes de la enmarañada selva; había construido una choza en un claro y hacía tiempo que andaba en busca de liquidar al jaguar que robaba sus animales domésticos.

-No temas, criatura -le dijo a la luna, que tiritaba de susto, sin saber aún de quien era esa redonda cara pálida-. Yo te llevaré a mi choza, en donde mi familia te atenderá.

Generoso, como buen campesino, le cocinó la última tortilla de maíz que quedaba; pasarían muchos meses antes de la próxima cosecha. La luna, envuelta en una gran sábana, se sintió feliz y humana entre gente tan amable, hasta que oyó decir a la mujer de su salvador:
-¿Qué vamos a comer mañana? Se acabó el maíz.

Con un poco de pena se puso su capa de reina, sus gasas y su coronita maltrecha. Se decidió a partir para volver a tomar su puesto en el firmamento y de paso agradecer su ayuda a las nubes. Nadie se había percatado de su ausencia ni de su viaje a la tierra y el arco iris se afanaba guardando su escala. La luna pensó: “¿qué puedo regalarle a esos campesinos que tan amablemente me acogieron? Algo que los ayude a vivir momentos felices, a olvidarse de la soledad y que los reponga de los duros trabajos que realizan”. Entonces, muy emocionada, dejó caer sus lágrimas de plata que, iluminando la choza de luz y reflejos, regaron los campos.

Cuando al amanecer el buen hombre salió de la casa, arbustos desconocidos habían brotado por doquier. Entre el verde oscuro de las hojas asomaban blancas florcillas. La mujer, de pura hambre, preparó una infusión con esta yerba nueva y al beberla se sintieron todos mucho mejor y con ánimo.

El arbusto cundió como maleza por todas partes, y el país se hizo famoso y rico por su yerba mate. Se dice que la hija del campesino fue la depositaria de este regalo, que jamás murió y que va por todas partes repartiendo este don de la luna.

¸.•*¨`*•..¸ƸӜƷ  –  EL PRIMER ARCOIRIS  –  ƸӜƷ ¸.•*¨`*•..¸


Hace mucho tiemo, en Brasil, vivía una hermosa muchacha llamada Iasá.

Era tan bella que el mismo dios Tupá estaba enamorado de ella pero,

 por desgracia, también el demonio la amaba

y sufria una terrible envidia al ver la tierna relación entre Iasá y Tupá.

Desesperado por los celos, el demonio se presentó ante la madre de Iasá

y le prometió riqueza y comida en abundancia el resto de su vida

si le entregaba la mano de su hija.

La mujer era tan ambiciosa, que aceptó el trato.

Cuando Iasá se enteró de su compromiso, se puso a llorar y le pidió al demonio

que al menos le dejara ver a su amante Tupá sólo una vez más antes de perderlo para siempre.

El demonio no quiso negárselo, pero le puso como condición que se hiciera una herida en el brazo

para que siguiendo el rastro de sangre pudiera ir tras ella hasta el cielo.

Al caminar, Iasá iba dejando un arco de sangre roja.

Entonces Tupá quiso engañar al demonio y ordenó al sol que dejara una arco amarillo junto al rojo.

Después el cielo dejó un arco azul, y el mar, un arco de color azul oscuro, añil.

Debilitada por la herida, Iasá cayó en la tierra que, mezclada con su sangra, formó un arco naranja.

Ese naranja salpicó al arco azul creando un nuevo arco violeta. Por último, la hierba creó un arco verde.

Y así desde ese día fué como se formó el primer Arco Iris.

¸.•*¨`*•..¸ƸӜƷ  –  EL REGALO DEL SOL ƸӜƷ¸.•*¨`*•..¸

Una antigua leyenda guaraní

cuenta que una vez hubo dos tribus vecinas que vivían junto al río Paraná.

Los jefes de estas dos poblaciones, llamados Pirayú y Mandió, eran buenos amigos

y por eso Mandió pensó que sería muy buena idea casar a su hijo con la hija de Pirayú,

de modo que en el futuro sus gentes quedaran unificadas.

Con la mejor intención fue a exponérselo a su amigo pero éste se negó:

– Mi hija está consagrada al dios Sol y por eso no puede casarse con ningún hombre -.

Mandió se enfureció considerando la negativa como un desprecio y tramó una venganza:

esperó a ver a la doncella tumbada al Sol como era su costumbre,

para hacerla caer en una trampa que era una jaula con los barrotes de madera.

– ¡Pidele ahora a tu dios Sol que te libere! – gritó Mandió.

La muchacha, con lágrimas en los ojos, imploró al cielo:

– ¡ Sol, no permitas que muera aquí, déjame seguir viendo tu brillanlte rostro ! –

Y en ese momento quedó convertida en una hermosa flor amarilla que,

durante todo el día sigue con la cabeza el movimiento del sol

y que todos conocemos con el nombre de Girasol.

¸.•*¨`*•..¸ƸӜƷ –  LAS DOS MONTAÑAS  – ƸӜƷ ¸.•*¨`*•..¸


 Siglos atrás, cuando los aztecas dominaban el Valle de México,

forzaban a los pueblos de la región a obedecerlos y rendirles tributo. El descontento reinaba.

Un día ya  cansado de la opresión, el cacique de Tlaxcala decidió pelear por la libertad de su pueblo

y comenzó una terrible guerra entre aztecas y tlaxcaltecas.

La bella princesa Iztaccíhuatl, hija del cacique de Tlaxcala, se había enamorado del joven Popocatépetl,

uno de los principales guerreros de este pueblo.

Ambos se profesaban un amor inmenso, por lo que antes de ir a la guerra,

el joven pidió al padre de la princesa la mano de ella si regresaba victorioso.

El cacique de Tlaxcala aceptó el trato,

prometiendo recibirlo con el festín del triunfo y el lecho de su amor.

El valiente guerrero se preparó con hombres y armas,

partiendo a la guerra después de escuchar la promesa

de que la princesa lo esperaría para casarse con él a su regreso.

Al poco tiempo, un rival de Popocatépetl mintió al divulgar que éste había muerto en combate.

Al enterarse, la princesa Iztaccíhuatl lloró amargamente la muerte de su amado y murió de tristeza.

Popocatépetl venció en todos los combates y regresó triunfante a su pueblo,

pero al llegar, recibió la terrible noticia de que la hija del cacique había muerto.

De nada le servían la riqueza y poderío ganados si no tenía su amor.

Entonces, para honrarla y a fin de que permaneciera en la memoria de los pueblos,

Popocatépetl mandó que 20,000 esclavos construyeran una gran tumba ante el Sol,

amontonando diez cerros para formar una gigantesca montaña.

Una vez terminada esta labor, el desconsolado Popocatépetl, cargó el cuerpo de su princesa

y lo recostó en la cima de la gran montaña.

La joven muerta de inmediato tomó la forma de una mujer dormida.

 El joven le dio un beso póstumo, tomó una antorcha humeante

y se arrodilló en otra montaña frente a su amada velando su sueño eterno.

La nieve cubrió sus cuerpos y los dos se convirtieron, lenta e irremediablemente, en volcanes.

Los Volcánes Iztaccíhuatl (la mujer dormida) ,y  Popocatépelt.

¸.•*¨`*•..¸ƸӜƷ-  EL CACTO Y EL JUNCO ƸӜƷ ¸.•*¨`*•..¸

Después de un día duro de trabajo, Tintoba, un joven alto y fuerte, fué a bañarse a la laguna.

Estaba tan cansado que, tras el baño, se sento bajo un sauce y se quedó dormido.

Las risas de unas mujeres lo despertaron y una de ellas le ofreció agua de su cántaro.

  A Tintoba le bastó mirarla para quedar enamorado.

Al día siguiente no pudo de dejar de pensar en ella;

al otro día no pudo comer ni dormir; al tercero salió a buscarla para calamar su desasosiego.

Recorrió un pueblo, y otro, y otro, y, como en ninguno la encontró,

decidió quedarse en la aldea más cercana al lugar donde la había encontrado.

Allí Tintoba aprendió a tejer y a teñir.

Meses después, una mañana TIntoba escuchó el griterio de unos niños.

Se asomó a su puerta y vió una rica comitiva cargada de pieles, plumas y joyas.

Las llevaban como presente para la hija del cacique.

Esa noche paseando su dolor no muy lejos de la laguna,

Tintoba encontró a una bella muchacha llorando, acurrucada contra el tronco de un árbol.

Ella alzó sus ojos brillantes y él la reconoció: ¡¡ era la misma que le había ofrecido agua de su cántaro!.

Se llamaba Súnuba y había sido prometida en matrimonio a un cacique guerrero; no quería casarse con él, pero su padre la obligaba.

Tras este nuevo encuentro, acordaron reunirse mas adelante.

Súnuba se fué a casa de su padre.

Tiempo después Tintoba supo que el padre había partido a luchar contra otra tribu y buscó de inmediato a Súnuba.

Así, los enamorados pudieron visitarse y compartir su felicidad.

Súnuba se puso mas hermosa que nunca y, un poco antes del regreso de su padre,

huyó con su amado al valle de dode él era originario.

Juntos sembraron áboles frutales que dieron jugosos frutos. La vida les sonreía.

Pero una tarde encontraron en su casa a un mensajero del cacique. ¡ Por fin los habían encontrado !.

Los jovenes comparecieron ante el gran sacerdote chibcha que decidia el destino de los hombres,

y éste ordenó que ella debía despedirse del joven y volver al hogar paterno.

Al llegar, el padre la miró con severidad y dijo:

– Yo te prometí, siendo niña, a un cacique amigo mío.

– Yo no quiero casarme con él  – respondió Súnuba -.

– Mi palabra debe cumplirse.

Súnuba llorando, afirmó:  – Es mi amor lo que debe cumplirse.

Y, dandole la espalda al padre, corrió a reuirse con Tintoba.

El muchacho,  mientras tanto, también habia salido en busca de su amada, cuya ausencia no podia soportar.

Casi en el limite del valle, en las inmediasiones de una laguna, se divisaron a lo lejos.

Uno y otro corrieron a abrazarse.

Un ruido retumbó por todo el valle y la tierra se estremeció.

En su carrera, Tintoba sintió de pronto que sus piernas se hacían lentas y dejaban de obedecerles;

su cuerpo, antes joven y flexible, se iba tranformando en un cacto lleno de espina.

Súnuba quedó presa en el lodo de la orilla de la laguna y se convirtió en un grácil junco mecido por el viento.

El valle quedó de nuevo tranquilo y silencioso. Los dos amantes permanen allí :

Un cacto no lejos de la laguna y, en la orilla, un junco se mece al viento.

Se contemplan todos los días, pero no puden hablarse.

¸.•*¨`*•..¸ƸӜƷ–  LOS BUITRES REALES  –ƸӜƷ ¸.•*¨`*•..¸

Cuentan que cierta vez un joven llamadoKarauá lanzó una flecha hacia lo alto. La flecha llegó más allá de los árboles más altos y siguió subiendo y pasó por en medio de una nube blanca y siguió subiendo y se clavó en el pecho de un buitre real y el buitre cayó en  picada.

Karauá recogió al buitre, lo llevó a su casa, le sacó la flecha y lo curó. Y cuentan que en el preciso momento en que el sol se ocultaba, al buitre le desaparecieron las alas y se convirtió en Arauí, la hija del rey de los cielos. Y en cuanto Karauá y Arauí se vieron, quedaron tan enamorados que se casaron sin el consentimiento del rey.

Cuando Arauí regresó a su hogar, su padre le preguntó:

– ¿Qué te pasa ? –

Y Arauí le confesó que se había casado con un  mortal.

– Eso está prohibido para nosotros :   un mortal siempre será un mortal.

Pero el rey del cielo amaba tanto a su hija, que pasado un tiempo la perdonó y hasta le permitió que trajera a su esposo.

Como Karauá no pidía volar, enviaron un enorme buitre negro para que lo transportara, y en cuento llegó, el propio padre de Arauí le dio la bienvenida, pero todos los jóvenes buitres reales estaban muy molestos. ¿ Cómo un simple mortal, que ni siquiera sabía volar, se había atrevido a tomar por esposa a Arauí ?.

Y en el cielo, Arauí y Karauá vivieron felices mucho tiempo, pero un día Karauá sintió nostalgia por la tierra y pidió permiso para bajar.

El padre de Arauí ordenó que una bandada de buitres jóvenes lo llevara, y éstos, en venganza por haberse casado con Arauí, lo  dejaron en la punta de un altísimo árbol totalmente cubierto de espinas, y regresaron y dijeron a Arauí y al rey que en cuanto Karauá tocó la tierra, maldijo el tiempo que había permanecido en el cielo y afirmó que por nada del mundo dejaría otra vez la tierra.

Arauí sufrió muco al escuchar esas palabras y durante largo tiempo no permtió que nadie la viera. No paraba de llorar. Karauá, en el árbol espinoso, no podía ni moverse porque en cuánto lo hacía, se espinaba. Entonces pidió ayuda a los pájaros, quienes acudieron de inmediato y con mucho esfuerzo lo dejaron ent ierra.

Y Karauá recorrió bosques, montañas, inmensas llanuras, chapoteó en el agua de los ríos y los lagos, volvió a tensar su arco y escuchó el silbido del viento, pero pasadass muchas lunas quiso volver al cielo con su esposa y rogó y gritó , pero  ningún buitre se presentó para transportarlo.

Entonces suplicó a los pájaros y éstos se juntaron para llevarlo, pero a mitad del camino una bandada de buitres jóvenes se interpusieron y le gritaron:

– Qué vienes a hacer acá, éste no es tu espacio. Tú te fuiste ahora no tienes por qué volver.

Y como Karauá seguía subiendo, se lanzaron contra él, los pájaros huyeron en desbandada y Karauá cayó en picada.

Cuenta la leyenda que hay quien dice que Karauá aún sigue cayendo .

¸.•*¨`*•..¸ƸӜƷ  – COMO LLEGO LA MUERTE A LA TIERRA – ƸӜƷ ¸.•*¨`*•..¸

Cuentan las abuelas a sus nietos que, cuando en la tierra no había sino piedras, pasto y hierbas, Kindu era el único hombre que la habitaba. Para sobrevivir, se alimentaba de la leche de una vaca. Un día, Gun, dios del cielo, decidió que su hija Nambi y su hijo Walube debían bajar a la tierra. En cuanto Nambi vio al joven Kindu, hermoso y libre, se enamoró de él. Y Kindu también quedó prendado de Nambi, la Hija del Dios del Cielo. Decidieron casarse y Nambi se lo confesó a su hermano Walumbe:

_ Tendrás que consultarlo con nuestro padre _ respondiño Walumbe, y los hermanos regresaron a cielo con tal propósito.

Gun escuchó a su hija y  le pidió que esperara un tiempo. Quería poner a prueba al muchacho para cerciorarse de su valentía y de su inteligencia, y darle así la oportunidad de demostrar que era digno de desposarse con la hija de un Dios.

Para ello, Kindu fue llevado al cielo. Cuando vio los inmensos palacios celestiales, los grandes revaños y demás animales corriendo entre los inmensos platanares, quedó maravillado por tanta riqueza y  abundancia. Gun le llamó a su presencia y solemnemente le propuso:

– Para ser merecedor de mi hija, tendrás que pasar tres pruebas. Salvalas y te desposarás con ella.

Lo condujeron a un cuarto repleto de comida y Gun le ordenó entonces que acabara con toda ella antes de que cayera la noche.

Kindu comió cuanto pudo pero eran tantos los manjares que apenas se notó que faltara algo. Al atardecer, incapaz de comer más, se le ocurrió cabar un agujero en el suelo; arrojo en él la comida y el agujero se cerró.

-La tarea está cumplida  –  gritó para que le oyeran fuera. Y en efecto, la comida había desaparecido.

Compareció el joven Kindu de nuevo ante Gun y éste le indicó la segunda de las pruebas :

– Yo soy muy friolero y necestio leña de roca para alimentar el fuego de mi chimenea. Toma este hacha de madera y ve a cortar leña de rocas para mí. No tardes pues el frío me incomoda y desata mi mal humor.

Kindu pensaba que de ninguna manera podría partir la roca con un hacha de madera. Observó detenidamente los terrenos montañosos por los que vagaba. Aquí y allá, encontró algunas rocas agrietadas, desprendió varios trozos y llevó los pedazos a Gun antes de que éste protestara.

Gun miró muy intrigado el hacha: el filo no se había mellado y el joven había cumplido su cometido. Era el momento de proponerle la tercera prueba :

– Ahra llenarás de rocío este cántaro. Te espero mañana a la salida del sol.

Kindu fue a la preadera y permaneció la noche en vela, a la espera de que el rocío cubriera los campos y llenara su cántaro. Al clarear, se dio cuenta de que  el cántaro estaba casi vacío. Pero vio también que todas las hojas de los árboles  lloraban gotas cristalinas de rocío. Con estas gotas llenó el cántaro hasta el tope y acudió a la presencia de Gun.

– Sin duda, eres merecedor de casarte con mi hija –  dijo Gun -. Yo les doy mi consentimiento.

Para que no les falte de nada, les regaló varias  clases de animales , el árbol del plátano y semillas de todas las plantas que pudieran servirles de aliemto. Y al despedirse, Gun les aconsejó :

– Walumbe no debe saber nada de todo esto pues se despertará su envidia y querra también irse a la tierra.

Los novios partieron sigilosos. A medio camino, Nambi se dio cuenta de que se había olvidado el grano para alimentar a la gallina y regresaron a por el. Fue entonces cuando Walumbe los decubrió y decidió que les acompañaría.

Kindu plantó el plátano y las semillas, y estas se convirtieron en plantas. Nambi dio a luz muchos hijos y nunca les faltó la comida. Pasado un tiempo, el envidioso Walumbe, que era la Muerte, se llevó a uno de sus hijos. Y luego a otro. Y también a un tercer. Kindu y Nambi no pudieron hacer nada para evitarlo.

Así fue, según cuentan las abuelas, cómo la Muerte vino a la tierra, y desde entonces ha permanecido aquí entre  los hombres.

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