EL REINO DE DANNAN Y LA LEYENDA DE ETHNA

Tal y como nos relatan las tradiciones irlandesas, las hadas de Irlanda son descendientes de los Tuatha Dé Danann, antiguo pueblo irlandés que fue arrojado al inframundo tras la invasión de la isla por sus actuales habitantes, los gaélicos, que procedentes de España conquistaron Irlanda capitaneados por su caudillo – Míl Espaine-.

A los Tuatha no les quedó más remedio que refugiarse en los “sídhe”, nombre céltico que hace referencia a los montículos sobre los cuales se asientan los monumentos megalíticos, y del que deriva una de las denominaciones que reciben las hadas en Irlanda y las Tierras Altas de Escocia,  -Daoine Sídhe- .

De este modo, por toda irlanda circulan historias sobre Knocks (del irlandés “Cnoc”, que significa colina hueca) en cuyo interior viven extensas comunidades feéricas gobernadas por un Rey o una Reina. Entre los sídhe más conocidos de Irlanda se encuentran Knockma, donde se sitúa el trono de  -Fínvana-, mítico rey de las hadas de Connaught, y Newgrange, vinculado al mito de Angus Óg.

Los sídhe (gente de los monticulos) se manifiestan a los mortales en determinadas fechas, sobre todo en la noche de San Juan, que es cuando se los suele ver bailando en corro a la luz de la luna.

. . . A raíz de la derrota que les inflingieron los milesios, los del Reino de Dannan que decidieron permanecer en Irlanda, sentaron sus moradas en las colinas huecas o “Rahts”, donde vinieron a ser los Daoine Sidhe.

El Reino de Dannan,  en un principio, era gigantesco, pero en el tanscurso del tiempo y con la intrusión de la cristiandad, a medida que disminuía su impotencia, se reducia consiguientemente su tamaño.

Acualmente, el miembro mas importante de los Danoine Sidhe es -Finvana-, el supremo Rey de las hadas irlandesas, que algunos creen también que sea el Rey de los Muertos. Aún sigue teniendo su corte en el palacio que hay bajo la colina de las hadas de Kanockma.

A los Daoine Sidhe les encanta la pelea y son unos expertos jugadores de ajedrez. Muchos son los mortales que perdieron todo cuanto poseían por atreverse a desafiar a Finvana.

Otras de las atracciones de Finvana es conquistar a las mujeres. A pesar de que su mujer, Oonagh  es la más hermosa de las mujeres de nuestro mundo o del suyo, con frecuencia rapta a mujeres mortales.

Una de ellas fué Ethna la Novia, a la que acabó recuperando su tenáz marido. Amenazó con excavar la colina de Finvana y dejar expuesto su interior a la luz del día. Esta es la hisoria . . .

– LA LEYENDA DE ETHNA LA NOVIA ROBADA POR FINVANA –

Cuenta la leyenda que en un castillo vivia un gran señor que tenía una bella esposa llamada Ethna, la novia  más cautivadora de aquel país. Su marido estaba tan orgulloso de ella que un día tras otro celebraba fiestas en su honor, y de la mañana a la noche su castillo se llenaba de lores y grandes damas, y sólo se pensaba en la música y el baile, en la diversión, la caza y los placeres.

Una noche, cuando la fiesta estaba en el momento más alegre, y Etna flotaba de un lado a otro al compás del baile con us traje de cendal plateado tachonado de joyas, más brillante y hermoso que las estrellas del cielo, la novia soltó de pronto la mano de su pareja y se desplomó sobre el suelo desmayada.

La llevaron a su alcoba, donde estuvo largo tiempo inconsciente. Pero hacia el amanecer se despertó y dijo que había pasado la noche en un hermosos palacio y había sido tan feliz que deseaba volver a dormir para regresar allí en sueño. La velaron durante todo el día, pero cuando las sombras del anochecer oscurecieron el castillo se oyó una música suave bajo su ventana, y Ethna volvió a sumirse en un profundo trance del que nada logró sacarla.

Ordenaron a su vieja nodriza que la vigilara, pero, en medio de aquel silencio, la anciana se cansó  y se durmió, no despertando hasta la salida del sol. Cuando miró hacia la cama vio con horror que la joven novia había desaparecido. Despertaron de inmediato a toda la casa, y buscaron por todas partes, pero no pudieron encontrar el menor rastro de ella en todo el castillo, ni en los jardines, ni en el parque. Su marido envió mensajeros en todas direcciones, pero fue inútil: nadie la había visto, y no pudieron encontrar señal de ella, viva o muerta.

El joven lord montó su corcel más veloz y galopó sin pausa hasta Kanockma, para preguntarle a Finvana, el rey de las hadas, si podía darle alguna noticia de su novia, u orientarle sobre dónde buscarla, pues él y Finvana eran amigos y más de un barril de buen vino español había sido depositado bajo las ventanas del castillo por orden del señor para que las hadas se lo llevaran. Pero como ni se imaginaba que el propio Finvana fuera el traidor, galopó como un loco hasta llegar a Kanockma, la colina de las hadas.

Y cuando se detuvo junto al rath de las hadas para dar reposos a su caballo, escuchó voces en el aire, por encima de él, una de ellas decía:

-Muy contento está ahora Finvana, pues por fin tiene en su palacio a la hermosa novia, que jamás volverá a ver el rostro de su esposo.

-Así es – respondió otra voz- si su marido excavara la colina hasta el centro de la tierra encontraría a su novia, pero arduo es el trabajo y difícil el camino y Finvana tiene más poder que cualquier mortal.

-Eso está por ver. Exclamó el joven lord- Ni, hada ni demonio ni el propio Finvana, se interpondrán entre mi bella esposa y yo.

Al instante ordenó a sus criados que reunieran a todos los trabajadores y jornaleros de la comarca, con sus palas y picos, para excavar la colina hasta llegar al palacio de las hadas.

Llegaron los trabajadores en tropel, y se pasaron todo el día excavando la colina hasta hacer una profunda zanja que llegaba hasta el mismísimo centro. Después, al ocaso, dejaron el trabajo por esa noche. Pero, a la mañana siguiente, cuando volvieron a reunirse para proseguir su labor, hete aquí que toda la zanja estaba otra vez cubierta con cieno y era como si ninguna pala hubiera tocado  nunca la colina, pues así lo había ordenado Finvana, que tenía poder sobre la tierra, el aire y el mar.

Pero el joven lord era valeroso y ordenó a los hombres que prosiguieran con el trabajo. Excavaron nuevamente la zanja, ancha y honda hasta el centro de la colina. Esto se repitió durante tres días, y siempre con el mismo resultado, pues cada noche el cieno era devuelto a su lugar y la colina parecía igual que antes, y no avanzaban hacia el palacio de las hadas.

El joven lord estaba a punto de morir de ira y de pesar, pero de pronto escuchó una voz muy cerca de él, como un susurro en el aire, y las palabras que pronunció fueron: -Esparce sal sobre la tierra que has excavado y tu trabajo estará a salvo.

Nueva vida animó su corazón al oír esto, y envió mensajes a toda la comarca para que la gente reuniera sal, y aquella noche, tras interrumpir su trabajo en la colina, los hombre la esparcieron sobre el cieno.

A la mañana siguiente se levantaron con gran excitación, para ver lo que había sucedido, y grande fue su gozo al ver que la zanja estaba igual, tal y como la habían dejado, y toda la tierra a su alrededor se veía intacta.

Entonces el joven lord supo que tenía poder sobre Finvana, y pidió a sus hombres que trabajaran con ánimo, pues pronto llegarían al palacio en el centro de la colina. Para cuando  llegó el nuevo día habían excavado una gran hendidura que se extendía hasta el centro del terreno, y si acercaban los oídos al suelo podían escuchar la música de las hadas, y a su alrededor, en el aire, oían voces.

-Mira- dijo una de ellas—Finvana esta triste, pues si uno de esos mortales golpea el palacio de las hadas con su pala éste se reducirá y se desvanecerá como la niebla.

-Pues que Finvana renuncie a la novia -dijo otra-, y estaremos a salvo.

Entonces se oyó en toda la colina la voz del propio Finvana nítida como el son de una corneta de plata.

-Detened vuestro trabajo- dijo-, oh hombres de la tierra, dejad vuestras palas, y al oscurecer la novia le será devuelta a su marido. Yo, Finvana, he hablado.

El joven lord rogó entonces a sus hombres que pararan el trabajo, y dejaran las palas hasta la puesta de sol. Y al ocaso, montando un gran corcel color castaño, cabalgó hasta la entrada del valle, y observó y esperó, y justo cuando la luz rojiza inundaba todo el cielo, vio venir a su esposa por el sendero con su traje de cendal plateado, más hermosa que nunca; entonces se apeó de un salto y la montó en la silla delante de él, y cabalgó como el viento de la tempestad, de regreso al castillo. Y allí acostaron a Ethna en la cama, pero ella cerró los ojos y no dijo palabra. Así trascurrieron varios días, pero ella seguía sin hablar ni sonreír, como sumida en un trance.

Grande fue el pesar de todos, pues temían que Ethna hubiera probado la comida de las hadas, y que el encantamiento no se rompieses jamás. Por todo esto, su marido era muy desdichado. Peor un atardecer, cuando cabalgaba de regreso a su casa, escuchó voces en el aire, y una de ellas decía:

-Ha pasado ya un año y un día desde que el joven lord trajo de vuelta a su bella esposa, rescatándola de Finvana, pero ¿ de qué le sirve?. Está muda, como una muerta, pues su espíritu se quedó con las hadas, aunque su cuerpo se encuentre junto a él.

-Entonces contestó otra voz:

-Y así seguirá, a menos que se rompa el hechizo. Debe desatar el cordón que ciñe su cintura, sujeto con un pasador encantado; y prenderle fuego, arrojar las cenizas ante la puerta, y enterrar bajo tierra el pasador encantado. Entonces su espíritu regresará del país de las hadas, y ella volverá a hablar y a gozar de verdadera vida.

Oyendo esto, el joven lord espoleó de inmediato su cabalgadura, y al llegar al castillo se dirigió velozmente a la alcoba donde Ethna yacía en el diván, muda y hermosa como una figura de cera. A continuación, dispuesto a probar la veracidad de lo que habían dicho las voces de los espíritus, desató el cordón y, con mucha dificultad, extrajo el pasador encantado de entre los pliegues. Pero Ethna seguía sin decir palabra. Después tomó el cordón y lo prendió fuego, diseminó las cenizas ante la puerta, y sepultó el pasador encantado en un hondo agujero, bajo un espino de las hadas, para que nadie perturbara el lugar. Tras lo cual regresó junto a su joven esposa, quien sonrió al mirarlo, y le tiendo la mano.

Grande fue su gozo al ver que el alma regresaba al bello cuerpo ; él la levantó y la besó, y en ese momento ella recobró el habla y la memoria, y toda su vida anterior, como si ésta nunca hubiese quedado rota o interrumpida. Y el año que su espíritu había pasado en el país de las hadas le pareció como un sueño nocturno, del cual acababa de despertar.

Tras esto, Finvana no volvió a intentar llevársela, aunque la zanja en la colina permanece hasta hoy día y se llama “El valle de las hadas”. Y así nadie puede dudar de que la historia aquí narrada sólo dice la verdad.

EL HURLING ( hockey irlandés)

Es tan popular entre los Daoine Sidhe como entre los mismos irlandeses.

Existe un viejo relato de un partido de “hurling” entre los elfos de Munster y los de Connacht, en el que invitaron a participar a dos seres humanos.

(Por una razón desconocida, se considera necesario que en toda muchedumbre mítica debe haber un hombre cuando se trata de un combate o un partido de “hurling”).

Según esa leyenda, el partido se convirtió en una pelea en la que los Connacht lograron dominar venciendo a los Munster.

Los Munster se transformaron entonces en escarabajos voladores, que se comieron todo lo verde que vieron, destruyendo el campo a su paso, hasta  que de pronto, de un hoyo de la tierra se alzaron millares de palomas que devoraron a los saqueadores.

 

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