AQUELARRE

MONTADAS EN ESCOBAS O MANGOS DE RUECAS

CABALGAN LAS BRUJAS CON SUS GRITOS EXTRABAGANTES

ACUDIENDO EN TROPEL EN DIRECCIÓN AL AQUELARRE

Cuando cae la noche, despierta un mundo misterioso. Brujas y brujos, con el cuerpo frotado previamente con un ungüento secreto, salen por las chimeneas y vuelan hasta llegar al claro del bosque donde les espera Lucifer, en forma de macho cabrío, de asno y hasta de sapo. Entonces comienzan las parodias sacrílegas, los ritos satánicos en los que se hace caricatura de las ceremonias cristianas.

Después fabricarán elixires de sortilegio y se practicarán los más divrsos maleficios. A continuación llega la hora del festín, una orgía en que se mezclan brujos y demonios para comer platos exquisitos y manjares inmundos. Cuando terminan, es el momento de la confesión pública; quien no causó bastantes daños será castigado. Pequeños demonios sin brazos se encargan de ejecutar las sentencias, metiendo al reo en una gran hoguera, donde permanecerá un tiempo proporcionado con sus culpas.

Antes de que cante el gallo o suene la campana de la aurora, una ronda desenfrenada despierta un delirio de epilepsia; es la hora de los acoplamientos <<contra natura>>, de las predicciones y maleficios más terribles. El Destino se revela a los iniciados, el reino de Satán aparece sin disfraces…

Todo desparecerá cuando llegue el día: en el lugar del Sabbat no ha quedado otra cosa que el leve olor de las hierbas mágicas que se quemaron, y el acre y pestilente del azufre.

Akelarre es, en vasco, el llano del cabrón y designaba, a la vez, el lugar de la reunión de las brujas y la reunión en sí mísma, a la que acudían periódicamente todos los miembros de la secta para celebrar sus ceremonias, presididos por el diablo en persona o por un oficiante que hacia sus veces y que actuaba como sacerdote de la antimisa o misa negra, que formaba parte del acto.

En cuanto a los días en que se hacían estas ceremonias, se especula entre las noches del viernes al sábado y las del sábado al domingo, con clebracines especailes en días señalados, que coincidían con festividades también especiales de la Igelsia: La Candelaria, San Juan, el dìa de Todos los Santos, o con fechas que, aproximadamente, coincidían con momentos precisos del calendario agrícola que la misma autoridad eclesiástica había tratado de sacralizar a su modo con natividades y efemérides gratuitas de aquel prolífero martirologio que venía a ser un auténtico cajón de sastre a la hora de celebrar a un santo decapitado o devorado por las bestias de los circos neronianos o cuidadosamente torturado por los sicarios de Diocleciano.

El lugar del aquelarre podía ser muy diverso, desde una playa a a las orillas de una laguna y desde un claro en un bosque a un espacio de pradera en lo alto de un monte, delimitado por um cromlech prehistórico plantado por oscuros antepasados.

No cabe duda de que la misma tradición religios arcaica que dio como resultado el fenómeno de la brujería cristiana propiciaba las reuniones en estos enclaves megalíticos y en las inmediaciones de cavernas que habían sido santuarios o lugares iniciaticos de cultos antiguos.

Los sitios en los que las ceremonias satánicas se ejecutaban, podrían señalarse en los mapas hasta llenarlos. En Rusia, las brujas se reunían en la Montaña Calva, cerca de Kiev; en Alemania, en la cordillera del Haz, en el monte Brocken; en Estaos Unidos, en Salem y en el Estanque del diablo, en las inmeciacioones de Boston… 

En España, en la región céltica – tierra de meigas -, y en las vascas y navarras, sigularmente en Sara y en Zugarramurdi.  Junto a este pequeño pueblo hay un monte llamado Akelarre, que en vascuence significa <<Prado del macho cabrío>>. No es ese el único lugar (incluso hay otro Akelarre en Mañaria).

En el Zugarramurdi existe, además, una planicie delante de la entrada de una caberana llamada Akelarre-Leze (<<Cueva del Prado del macho cabrío>>), donde es creencia popular que se reunían los brujos. En el vestíbulo de la cueva, a pequeña altura sobre el suelo, se abre en el muro roqueño un boquete a manera de ventana, cátedra donde el Diablo, en figura de macho cabrío, recibía a sus invitados.La caverna tiene otra entrada, más amplia, abierte a Oriente, llamada Sorginen-Leze (<<Cueva de los brujos>>), donde en el cuarto día de las fiestas patronales del pueblo se celebra una ceremonia ancestral en la que asan varios carneros, dentro de la cueva en una hoguera también encendida allí. Luego se reparten la carne asada. Después, trabándose por las manos o mediante pañuelos, forman una larga fila y salen de la caverna. Así llegan hasta la casa parroquial, ante la que danzan; cumplida esa parte del rito se drigen a la plaza del pueblo, donde bailan la Soka dantza.

Todo ello responde, con ligeras variantes, a otros ritos del folklore universal. Cambian también las fechas; en Alemania, la noche de Walpurgis, famosa durante el Edad Media, se celebraba el día primero de mayo. Pero las asambleas normales tenían lugar en los sábados, sobre todo en tiempo de Cuaresma, para mejor comunicarse con el Diablo. En cambio, nuca tuvo fecha fija la <<caza de brujas> y su sacrificio en hogueras, tan extendidos entonces y aun en épocas muy posteriroes, como cuentan la literatura y la historia. Claro que a veces la bruja y hereje se llamaba Juana de Arco.

No nos creamos , por lo anterior, que las creencias y las prácticas mágicas sólo estaban dirigidas al mal. En la mitología vasca, tan rica en muchos aspectos, hay un genio femenino, como casi todos los de esas regiones, considerado como jefe de otros y que lleva el nombre de Mari. No es seguro que el vocablo descienda del cristiano de María; en algunas comarcas Mari significa Señora, y así ataviado aparece enciertas reproducciones. En otras se le llama Maya, y a su marido, Maju.

Ese genio femenino toma formas diversas, muchas veces de animales,  algunas veces Mari se casa con mortales, con los cuales tiene hijos e hijas. Obra prodigios de toda clase: desde el descubrimiento de tesoros – Mari es fabulosamente rica – hasta el desencadenamiento de furiosas tormentas cuando se encuentra con su marido. Se la representa de muy diversas maneras, pero hay una particularmente atractiva: una hermosa mujer, con largos cabellos, un castillo de oro en su mano derecha y un dragón a sus pies. Mari, o Maya, que tanto tiene de humano, ha dado pie para varias leyendas, algunas recogidas como documento historico. Uno data de principios del siglo XVI y consiste en el relato hecho por el conde de Barcellos en un estudio sobre el origen de los Señores de VIzcaya, al referirse a don Diego López de Haro.

Y dice así . . .

Era don Diego López de Haro, señor de Bizkaia en el siglo XIV, un gran cazador, y siempre que podía salía en busca de algún jabalí o de algún otro animal salvaje de los que, en aquel entonces, abundaban en nuestros bosques y montes. Un día en que se afanaba en la caza de una buena pieza, oyó cantar a una mujer en lo alto de una peña.

La voz era tan bella que don Diego sintió unos enormes deseos de conocer a su dueña, y se dirigió hacia ella. Nunca había visto una mujer tan hermosa. Era alta y esbelta, de piel blanca y ojos negros que contrastaban con el rubio dorado de sus cabellos, que casi llegaban hasta el suelo. Llevaba un vestido blanco bordado con hilos de oro, y una cinta, también de oro, en la frente.

Era tal su esplendor que don Diego se enamoró locamente de ella.

—¿Quién eres?—le preguntó.

—La señora de Anboto —respondió ella.

—Puesto que tú eres señora de Anboto y yo señor de Bizkaia, ¿quieres casarte conmigo?. La Dama aceptó, pero le hizo prometer que nunca, nunca haría la señal de la cruz en su presencia. Se casaron y tuvieron una hija, Urraka, y un hijo, Iñigo Gerra.

Pasaron los años y la felicidad reinaba en el castillo de don Diego López de Haro. Un día volvió de la caza el caballero trayendo consigo un enorme jabalí que los encargados de la cocina dispusieron para la cena. Estando toda la familia a la mesa, dos de los perros de la casa entraron en el comedor y empezaron a ladrar pidiendo parte del banquete.

Uno era un gran perro alano, muy fiero, y el otro una perrita de aguas, mucho más pequeña. Don Diego, divertido, les lanzó una pata del jabalí y los dos perros se abalanzaron sobre ella, disputándosela. Ante el asombro de todos, la perrita mató al alano y escapó arrastrando la jugosa pata. Don Diego no pudo reprimirse e hizo la señal de la cruz, al tiempo que exclamaba: —¡Dios mío! ¡Jamás había visto algo igual.

En aquel mismo instante, Mari cogió a su hija de la mano y ambas salieron volando por una de las ventanas. Nunca más se supo de ellas.

Pasaron de nuevo los años y, durante una guerra contra los castellanos, don Diego fue hecho prisionero y llevado a una fortaleza en Toledo. Iñigo Gerra pidió consejo a los suyos para liberar a su padre, pero nadie conocía el modo, hasta que un viejo de larga barba blanca abrió la boca.

—Iñigo, si quieres ayuda —le dijo—, ve a pedírsela a tu madre. Ella sabrá decirte lo que tienes que hacer.

Fue pues Iñigo al monte Anboto y vio a Mari encima de una peña.

—Iñigo Gerra, querido hijo —habló Mari—, ven hasta mí porque ya sé que vienes a preguntarme cómo sacar a tu padre de la prisión.

Mari lanzó un grito y apareció un hermoso caballo blanco ensillado.

—Este es Pardal —continuó diciendo la Dama—.  Te lo doy .  Con él ganarás batallas, pero nunca debes de quitarle la silla, ni siquiera darle de comer o beber. Hoy mismo te llevará a Toledo y os traerá de vuelta a casa.

En efecto, Iñigo montó el caballo y, al momento, se encontró en el patio de la fortaleza en donde estaba encerrado su padre, lo buscó, lo cogió de la mano, lo llevó hasta el caballo y ambos regresaron a Bizkaia sin que ningún soldado hiciera nada por detenerlos, puesto que se habían vuelto invisibles. Desde aquel entonces, todas las entrañas de las vacas que se mataban en la casa del señor de Bizkaia eran colocadas sobre una peña como ofrenda a la Dama de Anboto. Y decían que, de no hacerlo, caería un mal sobre don Diego o sobre sus descendientes, como así ocurrió.

Un tataranieto de don Diego dejó de hacer la ofrenda y perdió un ojo por no seguir la tradición.

.

«Libro dos Linhagens»

Escrito por el conde Pedro de Barcellos en el siglo XVI.

.

Leyendas, se dirá, desde luego, pero mirándolas de cerca no parecen estar más fuera de la realidad lógica que otras prácticas muy frecuentes en esa época fabulosa que llamamos Edad Media. Tomemos como ejemplo las famosas Ordalías, los <<Juicios de Dios>>, que un clásico defiinió así: <<Procedimiento por el que se creía inducir a los seres sobrenaturales al manifestar su decisión sobre asuntos de trascenencia jurídica…>>. Las pruebas eran muy diversas: pasar por el fuego, por agua hirviendo o muy fría (<<el baño de la bruja>>), resistir un hierro candente… Quien salía triunfante había demostrado su inocncia.

Las Ordalías eran tan antiguas como el mundo, ese era el medio expeditivo y cómodo utlizado en los primero siglos para acabar con las brubas y brujos.

,

Estos  realtos de sucesos mágicos, no dan bastante idea de lo que fue,

en ese orden de cosas, la Edad Media, llena de sombras, de sangre y de prodigios.

SI TE HA GUSTADO ESTE POST ME ENCANTARIA SABERLO

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s