♣ LEYENDAS DE HADAS ♣

BIENVENID@

  PORQUE  SI  ESTAS  AQUÌ  ES  PORQUE  AÚN  LLEVAS  DENTRO A  ESE NIÑ@  QUE FUISTE

Y  CREES  EN  LA  MAGIA, – COMO  YO – ,  Y  QUE  LAS  HADAS  EXISTEN…

Tras la ventana de la cocina, enpañada por el vaho de los mejunjes matutinos, observo que las gardenias, las lilas y los narcizos florecen. Una sonrisa se dibuja inmediatamente en mi cara, la llegada de la primavera trae consigo la visita de los seres mágicos al jardín. Continúo removiendo las pócimas que aliviarán mi debilitamiento de días pasados, mientras el viento del este impregna la morada con el perfume floral. Los rayos del sol casi han borrado las gotas de rocío sobre la hierba. Los nubarrones se mueven y dejan paso a un cielo limpio y sereno. El día transcurre y todavía no ví ninguna huella dibujada en la tierra, ningún destello de luz oscilante. Me dispongo a elaborar el confite azucarado, las ambrosías, el elixir maravilloso y las delicias. Un año más recibiré al mundo fantástico, celebraré percibir el misterio.

Véspero surca la bóveda celeste, que colorea de índigo. Me impaciento pues aún no ví ningún ala translúcida, ningún gorro bermellón. Abrazo los árboles en busca de señales. Escudriño mi edén, mi huerto medicamentoso. Espolvoreo polvo de estrellas sobre los pimpollos, las hierbas medicinales y los cítricos, para que en la oscuridad centelleen.

Anochece, las sombras transmutan los setos, los árboles, los capullos… el vergel que envuelve mi hogar. Contemplo los astros y al bajar la mirada comienzo a vislumbrar el mundo elemental. Bajo el nogal un trasgo me saluda, sobre la regadera un gnomo me sonríe, en el manatial una ninfa acuática se baña, un hada con un ala rota se aproxima. Me invade la emoción, el apasionamiento conquista mi esencia, la celebración empieza… Los duendes zapatean, sílfides y elfos danzan, bailoteo entre los guardianes de la naturaleza al compás de los cantos de sirenas. Cautivada por el encanto del mundo extraordinario revoloteo como una mariposa. Galopo a lomos de un unicornio y un centauro al alba me susurra al oído si deseo adentrarme en el mundo de la mágia, pero que podría quedar atrapada. Le digo que sí ,  cierro los ojos y me dejo llevar…

-Fantasia-

texto de Cahokiawichita


Comencemos con la primera de las leyendas,

espero que sean de tu total agrado y te sirvan  para evadirte del mundo cotidiano.

Esta leyenda o cuento, nació en el sur de Gales en lo alto de las Montañas Negras donde hay un misterioso lago...

Muy cerca de allí, en una humilde granja, moraba una viuda con su hijo Dafydd. quien acostumbraba a llevar el rebaño a pastar junto al lago. Así pues, cierta mañana, al joven le sorprendió ver brotar de sus aguas a una hermosa joven de piel muy blanca y larga cabellera rubia, que comenzó a peinarse haciendo servir la superficie del lago como espejo.

 Maravillado, Dafydd aproximóse porque no daba crédito a sus ojos, y sin saber que hacer no se le ocurrió otra cosa mejor sino ofrecerle su desayuno que consistía en un pedazo de pan y un trozo de queso. El hada se le acercó andando por encima del agua, pero, aunque sonreía, no aceptó el presente, y le dijo que no era con un mendrugo de pan seco como la conquistaría, advertido lo cual desapareció dentro de las aguas del lago.

 De regreso a la granja fue a contarle a su madre lo sucedido y ella le recomendó que, la próxima vez, le llevara masa de pan a la mágica criatura. El consejo fue escuchado por Dafydd y al siguiente día corrió al lago con su rebaño. La estuvo esperando horas y horas y al atardecer, cuando ya desesperaba, el hada compareció, más bella que el día anterior si cabe, y Dafydd le ofreció de nuevo su presente, rehusándolo ella otra vez, con el añadido de sus enigmáticas palabras de que no era con masa de pan como la conquistaría.

Desolado, regresó el joven a la granja y entonces su madre le aconsejó que probara llevándole un pan a medio cocer.

Daffyd madrugó muchísimo para estar cuanto antes en el lago a la mañana  siguiente, pero madrugó en vano porque las horas fueron transcurriendo y el hada no se presentaba. Llegó la noche y él se iba a marchar muy apesadumbrado cuando vio que avanzaban sobre las aguas del lago varias vacas negras y detrás surgió ella. Daffyd corrió a su encuentro metiéndose en el lago, le ofreció por tercera vez el pan y el hada aceptó sonriente. Él estaba tan emocionado que bajó la vista sin saber que decir, descubriendo en ese momento que ella mostraba roto un lazo de su sandalia izquierda.

 Al cabo Daffyd, reunió todo su valor, y le dijo:

-Hada del lago, me he enamorado de ti y te ruego que consientas en ser mi esposa.

Semejantes palabras la sorprendieron, pero, después de escuchar durante mucho rato las apasionadas palabras del joven, acepto tomarle por marido, con una condición.

-Nos casaremos y no me separaré de ti hasta que no me maltrates de obra por tres veces y por tres veces me grites.

Daffyd juró y perjuró que nunca haría tal cosa, que antes se cortaría la mano que hacerlo.

Mientras tales juramentos profería, ella dio media vuelta abismándose en interior del lago.

Daffyd pensó que se le había burlado y decidió quitarse la vida, para lo cual trepó a una alta roca y ya iba a tirarse de cabeza al lago cuando en ese instante pudo escuchar una fuerte voz que exclamaba:

-¡Detente, joven irreflexivo, desciende ahora mismo de ese peñasco y acércate!

Dafydd miró hacia abajo descubriendo a un anciano caballero de noble aspecto al que acompañaban dos lindas doncellas. Olvidando sus propósitos suicidas, descendió.

-Se me ha dicho que pretendes casarte con una de mis hijas -le dijo el caballero-, puedes hacerlo ya que otorgo mi consentimiento, mas antes debes señalarme a aquella a quién te hayas declarado.

Dafydd se sintió muy seguro de su victoria, sin embargo, en cuanto contempló a las dos hermanas dióse cuenta de su error ya que ambas eran tan idénticas que parecían gemelas, e incluso vestían y peinaban de igual manera.

Muy desalentado, estaba a punto de darse por vencido cuando una de las dos hizo un imperceptible movimiento con el pie y al fijarse pudo él advertir que calzaba la sandalia rota de su amada aparición.

 -¡Esta es! -exclamó jubiloso Dafydd, cogiéndola de la mano.

-Muy bien -dijo el anciano-, has elegido correctamente. Te la doy por esposa con una espléndida dote de vacas, cabras, ovejas, cerdos y caballos. Ahora bien, no tienes que olvidar que si llegas a maltratarla de obra por tres veces y por tres veces le gritas, regresará al fondo del lago conmigo y nunca más la volverás a ver.

 Dafydd volvió a jurar y perjurar que él no haría jamás semejante cosa, pues antes se cortaría una mano que hacerlo, y el trato quedó cerrado desapareciendo el padre con su otra hija, y marchándose Dafydd y su prometida con la escolta de un inmenso rebaño que, brotando de la nada, les siguió mansamente hasta la granja.

El hada del lago y Dafydd se casaron al poco tiempo y fueron muy felices durante varios años. Cierto día, Dafydd y su esposa, tuvieron que ir a una boda que se celebraba en el pueblo más próximo pero hallábase un poco lejano para ir a pie. A medio camino su esposa se quejó de cansancio y el marido fue a buscar un caballo. Como ella le había pedido que le trajese los guantes, olvidados al salir, Dafydd regresó con montura y encargo al  mismo tiempo, mas, para su sorpresa ella le dijo entonces que ya no quería ir a la boda, “porque es mejor así”, lo cual enfadó mucho a Dafydd, quien, sin poderse contener, la abofeteó con los guantes mientras le gritaba:                        

-¡Por supuesto que irás, ya estás montando en el caballo inmediatamente!

Ella subió al caballo y le dijo con tristeza:

-Recuérdalo, esta es la primera bofetada que me pegas si me maltratas de obra dos veces más y me gritas, ya sabes lo que sucederá.

 Dafydd recapacitó entonces acordándose de su juramento y se prometió a sí mismo no volver a maltratar a su esposa nunca más ni de obra ni de palabra.

Pero transcurrió el tiempo, y fueron de nuevo invitados, en esta ocasión a un bautizo. Estaban en medio de la fiesta que siguió, todos muy contentos y brindando a la salud del recién nacido, cuando el hada del lago se echó a llorar con desconsuelo, mirándola todos muy sorprendidos y su marido el primero.

-¿Por qué lloras? -quiso saber Dafydd, a lo que ella repuso en voz lo suficientemente alta para que todos la oyeran:

-Lloro por la suerte de este pequeñín cuyos días sobre la tierra van a ser muy cortos.

  Los asistentes se quedaron desagradablemente impresionados , sobre todo los padres del niño como es de imaginar, y Dafydd, que por otra parte había bebido más de la cuenta, la agarró por los hombros sacudiéndola con rudeza.

-Pero, ¿qué dices, es que te has vuelto loca? -gritó.

Ella, con las lágrimas resbalándole por las mejillas, le dijo:

-Recuérdalo, me has maltratado de obra y de palabra por segunda vez, si lo haces una tercera ya sabes lo que sucederá.

Dafydd se asustó mucho al oírla y prometióse a sí mismo, que nunca más volvería a maltratar a su esposa ni de obra ni de palabra.

Transcurrió el tiempo, no demasiado, y un mal día fueron llamados al entierro de aquel niñito cuya desaparición había predicho el hada del lago. Se hallaban todos en tan triste reunión, cuando en el momento en que bajaban el ataúd a la fosa, ella se echó a reír alegremente en medio de la consternación general

-¿Qué estás haciendo, desgraciada, es que no tienes en cuenta el dolor de estos padres? -exclamó su marido horrorizado, a lo que ella redobló sus risas.

Escuchando aquello Dafydd, sin pensárselo dos veces, le cruzó la cara con un par de bofetadas, y en ese preciso instante comprendió lo que acababa de hacer.

El hada del lago dejó de reír y contemplando con tristeza a su marido, le dijo:

-Mi risa la producía la alegría de saber que este pobre niñito había dejado de sufrir por causa de su enfermedad… Esposo mío, me has maltratado de obra y de palabra por última vez. Todo ha concluido entre nosotros; no volverás a verme. Adiós.

Y así diciendo el hada desapareció y nunca más Dafydd volvió a verla, lo que le originó tan grande dolor y arrepentimiento que un día se metió andando en el lago hasta que el agua le cubrió por entero sin que su cuerpo fuera encontrado jamás. 

 UNA CANCION ETERNA

Hace mucho mucho tiempo, en un lugar muy lejano, en el bosque de Ankel, vivía una pequeña hada… 

Su belleza era inigualable, sus ojos de color verde, tan profundos, que te quedabas pasmado en su mirada, su pelo era largo y oscuro como la noche y una piel más blanca que la nieve. Era el ser más hermoso que se podía ver sobre la tierra. Esta hada se llamaba Insel y vivía sola, pues tiempo atrás se alejó de su hogar y nunca más pudo regresar.

Lo que más le alegraba a nuestra pequeña hada era ver a un elfo sentado en la roca, cerca del arroyo, tocando un instrumento que ella jamás había visto, pero que hacía un hermoso y suave sonido. Cada anochecer el hada se sentaba cerca de las rosas  y esperaba que llegara aquel hermoso joven. Pero  pasaban los días y el elfo no se volvió a aparecer, pero el hada no perdía la esperanza de volverlo a ver y emprendió un viaje para buscarlo.

Una noche de viento lo encontró tirado cerca de un arroyo congelado. El hada presurosa se acercó a aquella persona que le había robado su corazón y, viendo que la noche se hacía mas fría, busco refugió para poder tratar de salvarlo.

Pasaron unos días y aquel joven no despertaba. En ese tiempo el hada no se separó de él ni un segundo. Quería saber su nombre, quería tenerlo con ella…

Una mañana, Insel se había quedado dormida sobre su pecho. Al despertar vio que aquella belleza empezaba a abrir sus ojos.

-Son mas hermosos de lo que pensé- murmuró el hada.

-¿Quién eres? ¿Dónde estoy?- preguntaba el elfo con desesperación.

-Calma,calma, que no te haré daño- contestó el hada con una hermosa voz-.

Mellamo Insel, noches han pasado ya, nunca me has visto, eso lo sé, pero siempre he querido saber cuál es tu nombre.

-Ziran, pero, ¿cómo que has esperado para saber mi nombre? ¿Dónde me has visto? -preguntó aquel elfo.

-Teveía cada noche tocar tu instrumento, sentado a la orilla del arroyo,en una gran roca. Pero jamás tuve el valor de poder acercarme a ti.

 Ziran solo veía aquellos grandes ojos y quedó perplejo ante tanta belleza.
-Dime, ¿Cómo te llamas, pequeña hada?
Ella, con una sonrisa, suavemente contestó:
-Insel.
Ziran,al recuperar sus fuerzas, se levantó y quiso volver a su hogar. Durante el camino aquellas criaturas hablaron sobre sus vidas.
-Dime, Insel, ¿Cómo has llegado a vivir sola, si las hadas viven juntas?
Ella le contestó que, de pequeña, un horrible incendio había atacado su hogar. Ella voló lejos de ahí para poder salvar su vida, pero cuando quiso volver ya no puedo, puesto que todas las hadas de ese lugar habían desaparecido. Ella, con una sonrisa en su rostro y los ojos llorosos,le preguntó:
-Y tú, ¿tienes hogar?
Él,con voz triste, le contestó que el jamás había tenido un hogar, que siempre había vivido solo. Como con un susurro le contestó:
-¡De qué sirve tener un hogar si nunca te pondrán atención…!
Estaban llegando al arroyo cuando ella le dijo que siempre había querido estar con él, desde la primera vez que lo vio y se enamoró. Ziran le contestó que él jamás podría estar junto a ella. Llevaba una vida muy pesada y solitaria, ella no podría soportarlo, pero le prometió que cada noche vendría y tocaría para ella la canción que él jamás terminó, para que así supiera que siempre estaría con ella.
 Con el corazón destrozado y los ojos llorosos, aquella pequeña hada se marchó y nunca más regresó. Pero dicen que cada noche, en aquella roca,se oye la hermosa melodía del hada entristecida.

Carolina Aydé

ENCUENTRO CON LAS HADAS

En tiempos de la guerra civil inglesa una chica llamada Ana Jefferies,afirmaba que había sido raptada por la gente menuda, ya que ella tenía facultdes de clarividente y por poder curar al tacto.

Contaba Ana que estando un día sentada en un rincón oscuro haciendo punto, oyó un rumor. Creyendo que era su novio, fingió no haber oído nada. A continuación, oyó unas risas contenidas y un tintineo y entraron en el emparrado seis bellos hobrecillos vestido de verde.

Uno de ellos, el  más lindo de todos, llevaba en el gorro una pluma roja. Se dirigió a ella amorosamente y cuando le tendió la mano, de un salto se colocó sobe su palma. Cuando Ana puso a aquel ser fantástico en su regazo, trepó por su seno y comenzó a besarla en el cuello. Le encantó este galanteo. Los otros cinco honbrecillos se le subieron por el vestido y la colmaron de besos.

De pronto uno le tocó los ojos y quedó sumida en la oscuridad, sintiendose transportada por los aires. Cuando la pusieron en tierra, abrió los ojos y se encontró en un lugar maravilloso lleno de frondosos árboles, ornado de flores, palacios de oro y plata, lagos de peces relucientes y pájaros cantores de brillantes colores. Había gentes magníficamente vestidas que paseaban, descansaban, bailaban o se entretenían en pasatiempos. Ahora no parecían ser más pequeños que Ana, que se hallaba tan preciosamene vestida como ellos. Inmediatamente feliz, cortejada por sus seis amigos, Ana podría haberse quedado allí para siempre.

Poco después se escabulló con su admirador de pluma roja, pero los otros cinco los siguieron en airado tropel e interrumpieron su felicidad. De nuevo quedó ella sumida en su tristeza, se lanzó rápidamente a los aires y, por último, se halló sobre el suelo de su emparrado, rodeada de preocupados amigos.

Aún cuando Ana siguió estando protegida por la hadas que la alimentaban con sus alimentos, como quiera que las gentes acudían a verla de todoas partes y se extendió su fama, las autoridades la persiguieron, la apresaron en 1646 y la recluyeron en la cárcel. Aunque no le faban de comer, salió adelante con las viandas que le proporcionaban las hadas. Con el tiempo, la soltarom  pero, como es natural, no volvió a hablar más de su visita al reino de las hadas.


Hubo un tiempo en el que el hombre y la naturaleza vivían en unión y las hadas también formaban parte de esta unión con le hombre y la naturaleza.

Cuentan que hace mucho tiempo, en el valle de Yorkshire, en Inglaterra, una lechera ordeñaba cada mañana las vacas de su granja y era tan excelente la leche que daban, que todos sus vecinos disputaban por comprarla y que no les faltara. Pero esto unos años antes no era así. Veréis, la lechera notó que una de sus vacas, la mejor, había dejado de dar leche. No parecía enferma, sin embargo de sus ubres no se extraía ni una sola gota de leche. ¡Oh, misterio!. La lechera recordó entonces un remedio que le había enseñado su abuela. Colocó en una esquina del establo un trébol de cuatro hojas el cual tenía el don de alejar los malos espíritus. No sabía la pobre mujer que el trébol, si lo dejaba varias horas sin moverlo, anulaba la magia de las hadas y las hacía visibles a los ojos humanos. ¡ Imaginaos  la sorpresa que se llevó la lechera cuando descubrió a uas cuantas diminutas hadas que se llevaban en un cubo la leche de su vaca!.

– ¿Qué estáis haciendo?- les gritó.

Las hadas le contaron que la princesa Isayn había tenido un nuevo hijito y que no tenía leche suficiente para alimentarlo y el pequeño era muy tragón…

Las hadas le prometieron que si les dejaba retirar  la leche hasta que el bebé creciéra, nunca le faltaría la leche en su granja.

Y así fue como la mujer consiguió hacerse con la mejor leche de la comarca, gracias a las hadas.

LA LEYENDA DE KNOCKGRAFTON

Existe una leyenda irlandesa  que nos cuenta de un desdichado jorobado llamado Lusmore que vivía en un fértil vallecito al pie de las lóbregas montañas de Galtee.

T. Crofton Croker, en su libro Leyendas y tradiciones de las Hadas del Sur de Irlanda, nos cuenta que el pobre Lusmore (a quien llamaban así porque siempre llevaba una ramita de digital lusmore -en el idioma de su país- en el sombrecillo de paja) sufría doblemente por su deformidad, ya que a las gentes del campo les causaba cierto temor y le huían. Una tarde, de regreso del bonito pueblo de Gahir, se sentó un momento para que reposasen sus cansados miembros, cerca de la fortaleza de Knockgafton. Al poco, oyó una preciosa música, aunque no terrenal, que venía de la fortaleza. Tan cautivadora era la melodía que Lusmore quedóse escuchándola hasta quedarse harto de la recepción de la tonada. Al rato, hubo una pausa, y Lusmore reanudó la canción por sí solo, en tono más alto y luego siguió cantando con las voces de dentro del castillo. Encantadas quedaron las hadas con esta variación de su melodía, y con pronta determinación, decidieron traer junto a ellas a aquel mortal, cuya habilidad musical tan superior era a la de ellas, y el pequeño Lusmore fue trasladado a su presencia con la vertiginosa rapidez de un remolino. Las hadas dichosas rindieron justo homenaje al talento de Lusmore, colocándole por encima de todos sus músicos y le festejaron como si hubiera sido el primer varón sobre la tierra. Pronto advirtió Lusmore que se estaba celebrando una amplia consulta y se sintió algo alarmado hasta que un hada se separó del resto para decirle:

Cantor, cantor: no tengas dolor.
La joroba mayor que causaba pavor
en tu espalda, señor, se secó como flor.
Mírala sin temor en el suelo, cantor.


Lusmore sintió en los hombros una inusitada ligereza y tan emocionado estaba que hubiera podido brincar sobre la luna de un salto. Miró sorprendido en torno suyo, pues por primera vez pudo alzar la cabeza y todo le parecía más hermoso cada vez. Subyugado al contemplar tan resplandeciente escena, empezó, a sentirse mareado y se le enturbió la vista. Por último, quedó sumido en un profundo sueño y cuando despertó, ¡oh maravilla de las maravillas!, era un hombre distinto. Vestido con un traje recién hecho, que debía de ser obra de las hadas, vio que se había convertido en un ser vivaz y bien formado. Poco tiempo después, le visitó una anciana que quería saber detalles de su “curación”, para dárselos conocer a un amigo de su hijo que era jorobado. Lusmore era hombre de buen corazón y le contó de buen grado lo sucedido. La mujer le dio amablemente las gracias y regresó a su hogar. Contóle a su amigo cuanto Lusmore le dijera y atravesaron el pueblo para encaminarse a la vieja fortaleza de Knockgrafton. Esta vez el jorobado, que se llamaba Jack Madden, era un ser malhumorado y artero desde que nació. Cuando oyó la música de las hadas, tuvo tanta prisa que interrumpio el canto fabuloso, lanzando sus palabras a voz en grito y pensando que si un día fue bueno, dos serán mejor; y que si a Lusmore le habían dado un traje nuevo, él tendría dos. Ante esta intrusión, las hadas, indignadas, se pusieron fuera de sí, arrebataron con su tremenda fuerza a Jack Madden hasta hacerlo entrar en el castillo y le rodearon dando gritos y alaridos. Avanzó una de las hadas del grupo y dijo:

¡Jack Madden, Jack Madden!
Tus letras invaden nuestra melodía
que es toda alegría.
Si aquí te trajimos, fue porque oímos,
pero tu ventura será desventura.
Pues no nos arrobas, tendrás dos jorobas.

Y así diciendo, veinte de las hadas más vigorosas trajeron la joroba de Lusmore y se la colocaron en la espalda del pobre Jack, sobre la que ya tenía, y allí quedó fija con tanta firmeza como si estuviese clavado con clavos de veinte peniques, por el mejor carpintero que clavar supiera. Luego, las hadas le dijeron una patada al infortunado para echarle del castillo y a la mañana siguiente dos mujeres le encontraron medio muerto, con sus dos jorobas a cuestas. Inútil decir que el desdichado Jack no vivió mucho más, ya que sea por la vuelta a casa, sea por el peso que llevaba encima, murió poco después.

OSSIÁN

Uno de los pocos mortales a quien invitaron a Tir Nan Og, (isla irlandesa moradas de las hadas), fué Ossián, hijo de Fingel, jefe de los legendarios guerreros fenianos de Irlanda.

Habían salido un día los fenianos de caza cuando  se les acercó una  mujer de sin par belleza. Era Niamh de los Cabellos de Oro, hija de Manannan, que, de entre todos ellos, eligió a Ossián como amado suyo. Le pidió que montase a la grupa de su feérico corcel y cabalgaron sobre la tierra hasta el mar y luego, a través de la cresta de las olas, hacia el país encantado de Tir Nan Og, el más delicioso y afamado que pudiera hallarse bajo el sol. En su viaje comtemplaron paisajes prodigiosos. Sobre la superficie del mar se alzaban los palacios de las hadas. Ante uno de ellos, Niamh pidió a Ossián que libertase a una damisela del reino de Danannm, damisela que estaba prisionera de Fomor, uno de los demonios de los abismos del mar. Ossián luvhó contra Fomor y libertó a la joven.

Pronto llegaron al País de los Jóvenes y allí permaneció Ossián durante trescientos años sin acordarse de su patria ni de los fenianos, hasta que de pronto sintió el vivo deseo de volverlos a ver. Pidió licencia para visitar su suelo natal. Niamh le facilitó un brioso corcel para el viaje, pero advirtió a Ossián que de ningún modo permitiese que sus pies tocasen el suelo terrenal, Ossián dio su palabra de que se acordaría de ello y llegó velozmente a Irlanda. Sin embargo, se encontró con que todo había cambiado en la tierra que recordaba. Fingel y los fenianos habán venido a ser una leyenda del pasado. Se había librado la batalla de Gabhra y san Patricio había convertido  al país. Hasta los hombres parecian distintos, más pequeños, casi enanos, comparados con los que recordaba. Vió Ossián tres de ellos que intentaban en vano levantar una enorme piedra. Se inclinó para ayudarles a levantarla con una mano, pero se ropió la cincha de la silla y cayó al suelo. Inmediatamente, desapareció el mágico caballo y Ossián se tranformó en ciego y anciano.

Varias baladas cuentan cómo san Patricio halló a Osián desamparado en el terrestre suelo, sin renedio en su vejez, y se lo llevó a su casa. El santo hizo cuanto pudo para convertir a  Ossián al cristianismo, describiéndole las maravillas del cielo que podrian ser suyas con sólo que se arrepintiese. Pero Ossián contestó que no podía concebir un  cielo que no se sintiese orgulloso de recibir a los fenianos si se les apetecía entrar en el, ni un Dios que no se sintiera horado en contar a Fingel entre sus amigos. Si no obstante así sucedía, ¿qué objeto tenía una vida eterna sin salir de caza y sin cortejar a las mujeres hermosas?.  Preferiría ir al Infierno, donde, según san Patricio, sus camaradas fenianos yacían atormentados, y morir como había vivido.

LEYENDA  IRLANDESA  DE  BORNO

La gente de aquella tierra hablaba a menudo del sino fatal de un joven llamado Borno, tan atractivo que era conocido como el mimado de los dioses.

Allí estaba Borno en una cresta baja de la montaña desde donde se podía divisar el brillo del mar en la distancia.

Entre un grupo de viejos árboles había un estanque centenario, abastecido por un manantial que afloraba entre las rocas.

Borno dejó beber al asno, luego cogió las tinajas, mientras el animal pastaba de aquí allá.

Pero no las llenó enseguida, se sentó junto al estanque, disfrutando del aire fresco y escuchando como las cigarras festejaban la belleza del medio día.
De pronto los lirios se estremecieron, el agua se rizó y susurró al chocar contra las piedras. Entre los nenúfares apareció una mujer infinitamente seductora, infinitamente misteriosa.
Su piel era más blanca que los pétalos de lirio, sus ojos eran verdes como las hojas. Una oscura melena, con tallos entrelazados, caía sobre sus hermosos hombros, fundiéndose con el agua.

Levantó una mano y Borno se acercó a ella. Luego vaciló y retrocedió.

-No sois mortal, doncella-dijo.

La muchacha sonrió perezosamente y asintió con la cabeza, los ojos del muchacho se oscurecieron de deseo, inclinándose sobre el estanque.

Tan pronto como la punta de sus dedos tocó el agua, la mujer le sujetó como si de un grillete se tratara. Sus pequeñas y afiladas uñas se clavaron en su carne y Borno cayó inexorablemente al agua, penetrando en el mundo sin aire que se ocultaba bajo la tierra, dónde aún reinaban los espíritus acuáticos y los humanos no podían vivir.

O por lo menos eso es lo que dijeron los compañeros de Borno. El asno había regresado hasta los campos rebuznando lúgubremente. Fueron al estanque, donde encontraron las tinas del agua en el suelo, vacías. Le buscaron y le llamaron hasta el amanecer, pero fue en vano.

Algo mágico flotaba en el aire alrededor del estanque.

Más tarde, tras haber dado por terminada la búsqueda, los irlandeses compusieron una melodía para Borno, contando como fue raptado por la ninfa del estanque.

La cantaron durante siglos mientras recolectaban el grano.

CABALGATA DE LAS HADAS


 A primcipios del siglo XIX, Cromek, en sus “Remains of Galloway and Nithsdales Song”, ppublicó un relato de una anciana que decía haber visto una Cabalgata de Hadas  en miniatrura. He aquí una transcripción de su testimonio:

La noche antes de la Santa Cruz, me había citado con una joven vecina, a una milla escocesa de casa, para hablar sobre unas compras que quería hacer en la feria. No hacía muchos que estábamos sentadas bajo el espino cuando oímos fuertes risas de gente que cabalgaba, con ruido de cascabeles en las bridas y golpes de cascos. Nos levantamos de golpe, pensando que iban a echárselos encima. No se nos ocurrió pensar sino que era un grupo de hombres borrachos que se dirigían a la feria. Miramos a nuestro alrededor y pronto vimos que era la Cabalgata de las Hadas. Nos ocultamos hasta que hubieron pasado. Sobre ellas danzaba un resplandor, más bonita que la luz de la luna; eran unas personitas diminutas, diminutas, con pañuelos verdes, salvo una que iba delante, y ésta era mucho más grande que el resto, y tenía una larga y hermosa cabellera sujeta con una cinta que brillaba como las estrellas. Iban montadas en unos diminutos caballitos blancos preciosos, de larga cola ondulante y con unas flautas colgadas de la crin que el viento había sonar. Esto, junto con el sonido de su boca cuando cantaban, era como el son de un Salmo lejano. Marion y yo estábamos en un gran campo, y cuando pasaron junto a nosotras un alto seto de espino les impedía pasar a través del campo de trigo de Johnnie Corrie. Pero saltaron sobre el seto como gorriones y galoparon hasta un montículo verde que hay al otro lado. Por la mañana fuimos a ver el campo de trigo, esperando encontrarlo todo pisoteado, pero no había ni una sola marca de pezuña ni una sola hierba rota.

Existe la creencia de que los caballos pueden galopar entre el mundo humano y feérico, pudiendo llevar a su jinete al Mundo Mágico. Las hadas los adoran y tienen caballos prodigiosos, la raza de los caballos que crian no tienen igual en el mundo: son ligeros como el viento, de cuello arqueado y pecho ancho, ollares vibrantes y ojos granades, de mostraciòn de que estan hechos de fuego y llamas, pueden vivir cien años o más. Los establos estan en las grandes cavernas de las colinas, los herraban con plata, les pusieron bridas doradas y no se consentía jamás que un esclavo los montase.

Las hadas mas aristocráticas,  conocidas como hadas de Caballería o hadas Heroicas, pertenecen a cortes organizadas como la corte Seelie de Escocia o Daoine Sidhe, tribu de Irlanda. En estas corte, discurren los días en actvidades aristocráticas, una de las cuales, y desde luego la más impresionante es la de cabalgar en solemne procesión. Esto se denomina una cabalgata feérica. Las cabalgatas y  los caballos de, al menos, la tribu de Daoine Sidhe, gozan de fama mundial, cosa que probablemente se explica por el origen de estas hadas, que se cree sean reducidos restos del legendario reino de Dannan, que en un tiempo gobernó Irlanda, pero fue conquistado por los  milesios y doblegado a la clandestinidas.

Cuentan que fue un espléndido espectáculo ver la cabalgata de los caballeros del reino de Danann. Mil cuatrocientos corceles con una gema en la testera como una estrella y otros mil cuatrocientos jinetes, todos hijos de reyes, con sus mantos verdes orlados de oro, casco dorado en la cabeza, grebas doradas en las piernas y llevado cada uno una lanza dorada en la mano.

EL AVARO DEL GUMP DE LAS HADAS

Hay un cerro en Cornualles, cerca de San Justo, llamado el Gump, que es considerado como lugar de runión de las hadas, a las que con frecuencia se han visto por allí.

Vivía, cerca de allí, un viejo avaro que proyectò sacar provecho de aquella reunión de las hadas. Y una noche emprendió la marcha dispuesto a robarle todo cuanto pudiera a aquella gente menuda. Comenzó a subir monte arriba y pronto oyó bajo sus pies una música, aun cuando no pudiera ver nada.  A medida que ascendía, la música iba sonando más y más  fuerte hasta que, de pronto, ante sus ojos quedó abierta la colina. Comenzó a salilr a borbotones un tropel  de pequeños seres, un grupo de músicos, una turba de soldados y una repugnante pandilla de tánganos, guardianes de las mágicas colinas de Cornualles y de su tesoro.

Entretanto la colina se iluminó con  millares de alhajas que centelleaban en cada brizna de hierba y el avaro contempló asombrado cómo se disponían las mesas con servicios de oro y plata con incrustaciones de las más bellas gemas. Apareció entonces la corte de las hadas, en todo su esplendor, y el príncipe y la princesa avanzaron hacia la mesa más alta, que era la más espléndidamente adornada de todas. El avaro decidió que aquella sería el objeto de su interes y se dispuso a abalanzarse  sobre las riquezas allí expuestas. Pero advirtió,  demasiado tarde, que los tánganos le habían rodeado con resplandecientes cuerdas y que todas las miradas estaban puestas en él. De pronto, todo quedó sumido en la oscuridad. Y sintió unos bruscos tirones por los costados y sobre su espalda, y unos pinchazos y pellizcos de pies a cabeza. Al amanecer el avaro se vio tendido de espaldas al pie del cerro, y cubierto de telas de araña frescas de rocío.

TAM LIN Y LA BELLA JANET

Los sith son los gnomos de Escocia resultado de las uniones entre los Sidhe irlandeses y los Trolls escandinavos, muchas son las leyendas e historias que se cuentan acera de los sith, y entre ellas descuella una antigua balada escocesa respecto al caballero gnomo Tam Lin y la bella Janet:

La bella Janet había oído hablar mucho de Tam Lin en el castillo de sus padres, y se fue en busca del caballero gnomo. Finalmente dio con él junto a un pozo de Cauterhaugh, y con él pasó todo el día. Unos días mas tarde volvieron a encontrarse y entonces la jovenn Janet le preguntó:  -¿Eres un amante gnomo o un cristiano?. Te lo pregunto porque estoy en cinta y quiero saber qué es el padre de mi hijo.

-Oh, Janet, yo soy realmene un ser humano, no un gnomo. En cierta ocasión mi corcel tropezó mientras yo formaba parte de una cacería y caí preso de la Reina de las Hada. Por estar desde entonces preso en su palacio he adquirido alguna de sus costumbres. ¡Ah, querida Janet! -continuó el caballero,suspirando-,  si quieres, puedes salvarme. Ve mañana al cruce de caminos y podrás recobrarme, por ser víspera de Todos los Santos. Yo pasaré en la cuarta precesiòn montado en un blanco corcel, y llevaré un guante en la mano derecha, llevando la izquierda desnuda. Llevaré también el rostro cubierto por mi cabello. si puedes coger el caballo por la brida y me sostienes en tus brazos, quedarè libre. Pero no temas, porque primero me convertiré en oso y, finalmene, en un furioso león. Cuando me mude en hierrro candente te ardera la mano, y después sere una brasa encendida…  Entonces deberás sujetarme con fuerza, arrojar la brasa al agua y taparme cuando salga desnudo.

Janet le obedeció en  todo y rompió el hechizo, cuando la Reina de las Hadas se dio cuenta de lo sucedido, maldijo a Tam Lin y a Janet, mas a pesar de esta madicióm, la pareja vvió felíz el resto de sus días.

LA REINA DE LAS NIEVES

También la nieve tíene sus hadas propias, y entre ellas destaca la llamada Reina de las Nieves, que vive en los países escandinavos, Hans -Christian Andersen es quien habla de la Reina de las Nieves en una de sus narraciones nfantiles:

En una gran ciudad vivían felices Kay y Gerta, que a pesar de ser solo vecionos, se querian como hermanos. Desde su humilde cabaña Kay veía cómo la nieve giraba en remolinos causados por la ventisca. De pronto, sus ojos sintiéronse atraidos por un extraño copo de nieve, formado como de una tejido sumamente delicadio, mucho mayor que los otros copos, el cual fue a para sobre la tierra, justo delante de la ventana desde la que atisbaba el muchachito.

De repente, aquel  copo de nieve creció, transformandose en una hermosisima dama, que empezó a revolotear por entre la ventisca. Poco después le sonrió dulcemente al niño y despareció. El pequeño, atrído por tan rara visión salió al patio de la cabaña  allí encontró a al Reina de las Nieves que le esperaba montada en un trineo muy blanco, tirado por dos blanquísimos caballos.

Ella le ayudó a subir al trineo y le obligó a sentarse a su lado sobre unas pieles mullidas y muy blancas, como de armiño.  Al  instante, los caballos emprendieron el galope y el trineo se elevó por los aires. Entonces, la Reina de las Nieves posó sus helados labios sobre la frente de su pequeño acompañante, y éste sintióse invadido por un frío espantoso que le dejaba aterido todo su cuerpo, olvidando todo lo que conocía hasta entonces. La Reina le sonrió, acariciandole el cabello, y transcurridos unos minutos, el niño se olvidó de todo lo que conocía hasta entonces, incluso de sus padres, quienes lejos de allí le buscaban y al no lograr encontrarle pasado un tiempo pensaron que se había ahogado en el lago.

Finalmente, el trineo llegó al palacio de la Reina de las Nieves, que se alzaba en un desierto completmente helado, en el país de los lapones. Allí, sin duda, el niño habría muerto transido de frío, pero contento de estar en tan bello paraje, si  una miguita que lo quería con todo su corazón no hubiése  ido en su busca. 

Recorrió todo el país, y fué mucho mas allá y una vez llegada a Laponia Gerta encontró el castillo de la Reina de las Nieves, fue atacada por un ejercito de copos de nieve, pero el vaho que brotaba de sus labios al pronunciar sus oraciones se convirtió en un ejercito de ángeles que derrotaron a sus atacantes. Superado este obstaculo encontró a Kay en un enorme salón. El chico en un principo no la reconoció, pero las lágrias de Gerta cayeron en su pecho derritiendo el hielo que había en su corazón y logró finalmente liberar a su amiguito del embrujo que lo atenazaba, brotaron tambien en ese momento las lágrimas en los ojos del muchacho y reconioció a la niña, que se lo llevò  de vuelta a casa, donde brillaba un esplendoroso y càlido sol.

La Reinade las Nieves al verse sola ensu helado palacio de cristal, lloró lágrimas de sangre, esperando que algún día encontraría a un jovencito que quisiera hacerle compañía en su helada soledad. Cada lágrima de sangre de las vertidas por la Reina de las nieves -añade la leyenda- , se convirtió en un rojo clavel, que milagrosamente sobrevivieron al intenso frío de aquella estéril campiña.

 THOMAS EL VERSIFICADOR

Este poéta del siglo XII experimentó el hechizo de las hadas…

Hallábase un día tendido a la orilla del  Huntley ( río al norte de Escocia), cuando nada menos que la Reina de las Hadas en persona, vestia de verde, pasó montada en un caballo cuya crin llevaba entretejidas innúmerables campanillas.

 Se vió atrapado por un beso y subido a la grupa del caballo  la Reina Hada se lo llevó , atravesó mares, desiertos y ríos de sangre, hasta llegar a un verde jardín de Inglaterra. Allí el hada le ofreció una manzána que le otorgó el don de la profecía y una lengua incapáz de mentir.

Thomas vivió site años en el país de las Hadas antes de regresar a la tierra a escribír poesías y a hacer auténticas profecías.

Dícen algunos que al final volvió y vive todavía como señor de la Corte de las Hadas. Pero otros hay que jamás vuelven del País de las Hadas. Entre ellos, los hermosos muchachos llevados con señuelos para convertirse en amantes de las pricncesas feéricas, o los jóvenesa quienes se les encargan trabajos o aquellos que recíben instrución de soldados extra para las batallas de las hadas.

EL UNGÜENTO MAGICO DE LAS HADAS

Este ungüento normalmente está reservado para aplicarlo sobre los parpados a los niños feéricos que tinen madres normales con seres pertenecientes a la gente menuda.

Se dice que aplicando este ungüento sobre los parpados se disipan las apariencias engañosas que emplean las hadas para ocultar su verdadero aspecto. Sin embargo , el ser mortal que se atreva a agudizar su visión con ese ungüento prohibido, corre el riesgo de desatar la ira de las hadas.

Se cuenta el caso de una muchacha que entró como niñera del hijo pequeño de una viuda. Este, aunque ella no lo sabe, pertenece al mundo feérico de la gente menuda. Por curiosisdad, la muchacha se da cuenta para que sirve el ungüento y se lo aplica a sus ojos, y ante su vista queda el mundo de las hadas, pese a lo cual le permiten permanecer allí  indemne.  Ahora bien, esto, mas que la regla, es una excepción.

La historia de Eilian de Garth Dorwen

La doncella Eilian se escapo con un elfo pertenecinte a los Tylwyth Teg ( familia de hadas  de Gales), y no se volvió a ver, hasta que una moche llamaron a su señora, que era también comadrona, para asistir a un parto. Llevaron a la mujer a una inmensa cueva, dentro de la cual había una esplendida habitación, en la que sobre una hermosa cama yacía la esposa.

Después que nació la criatura, el marido le pididó a la comadrona que untra los ojos del niño con un ungüento que él le dió. Así lo hizo, pero la comadrona se frotó un ojo que le picaba y, de pronto, se vió en una triste cueva toda rodeada de piedras y una pequeña hoguera en un rincón. La esposa, que yacía sobre un montón de júncos y helechos marchitos, no era otra que Eilian, su antigua criada.

No había pasado mucho tiempo cuando la vieja comadrona fué al mercado y allí vió al marido, a quien le preguntó por la salud de Eilian.  Le contestó que su esposa estaba bién, pero le preguntó con que ojo le había visto a él. Al oír con cual había sido, el hombre se lo sacó con una enea.

LA  ONDINA  DEL  ESTANQUE

Había en cierto tiempo un molinero que vivì feliz con su mujer; tenían dinero y bienes, y s u propiedad aumentaa de año en año, pero la desgracia, dice el proverbio, viene durane la noche; su fortuna disminuyo de año en año, lo mismo que había aumentado, y al finasl, el molinero apenas poseía llamar suyo el molino en que habitaba.


Se hallaba muy afligido,  y cuando se acostaba por la noche terminado su trabajo, apenas podía descansar, pues sus penas le hacían dar vueltas en la cama. Una mañana se levantó antes de la aurora y salió para tomar el aire, imaginando que sentía algún alivio en su pesar. Cuando pasaba cerca de la escalera del molino, comenzaba a apuntar el primer rayo del sol y oyó un ligero ruido en el estanque. Se volvió y distinguió a una mujer muy hermosa, que se elevaba lentamente en medio del agua; sus largos cabellos, que había echado con sus delicdas manos sobre sus espladas, decendían por ambos lados y cubrían su cuerpo blanco y brillante como la nieve. No tardó en conocer que era la ondina del estanque, e ignoraba en su terror si debía quedarse o huir de allí, pero la ondina dejó oír su dulce voz, le llamó por su nombre y  le preguntó por qué estaba tan triste. El molinero permaneció como mudo en un principio, pero oyéndola hablar con tanta gracia, se animó y le refirió que anterirormente había vivido feliz y rico,  que ahora se había quedado tan pobre que ignoraba qué hacer.

-No tengas cuidado – contestó la ondia-; yo te haré más feliiz y dichooso de lo que nunca has sido, mas es preciso que prometas darme lo que acaba de nacer en tu casa.<<Sin duda será algun perro o algún gato>>, pensó para sí el molinero y le prometió lo que le pedía.
La ondina se sumergió en el agua y él volvió vorriendo, consolado y alegra,asu molino; aún no había llegado cuando salió la criada de la cas y le dijo que se regocijase, pues su mujer acababa de dar  a luz un niño. Quedó el molinero como herido por un rayo, comprendiendo entonces qeu la maliciosa ondinasbía lo que pasaba y lo había engañado. Se acercó  allecho de su mujer con la cabeza baja. Entonces, ella le preguntó;

-¿Por qué no te alegras por el nacimiento de nuestro hijo?

El  molinero le refirió lo que le había sucedido y la promesa que había hecho a la ondina.

-¿De qué me sirven la prosperidad y las riquezas -añadió-, si debo perder a mi hijo?

Mas ¿qué podía hacer?. Sus mismos parientes cuando fueron a felicitarle, no le pudieron dar remedio alguno.

La fortuna volvió, sin embargo, a la casa del molinero; cuanto emprendía le salía siempre bien;  parecía que los baúles y cofres se llenaban por sí mismos y que el dinero se multiplicaba en sus armarios durante la noche; transcurrido algún tiempo, era mucho más rico que antes. Pero no podía gozar de su felicidad pues la promesa que había hecho a la ondina destrozaba su corazón. Siempre que pasaba cerca del estanque temia verla subir a la superficie y recordarle su deuda. No dejaba al niño acercarse al agua.

-Ten cuidado- le decía- ; si te acercas  alguna vez ahí, saldrá una mano que te cogerá y te arrastrará al fondo.

Sin embargo, como los años pasaban uno tras otro y la ondina no aparecía, comenzó a tranqilizarse el molinero.

El niño creció y llegó a hombre y lo colocaron en casa de un cazador; en cuanto aprendió a cazar y supo bien la profesión, lo recibió a su servicio el señor de la aldea, donde había una hermosa y horada joven que agradó al cazador, y cuando lo supo su amo, le regaló una casita, donde vivieron felices y tranquilos amándose de todo corazón.

El cazador perseguía un día un corzo; el animal salió del bosque  a la llanura, y él lo siguió matándolo de un tiro. No había notado que se hallaba cerca del peligroso estanque, y en cuanto cogió su presa fue a lavarse las manos llenas de sangra. Pero apenas las había metido en el agua, salió la ondina del fondo, lo enlazó con sus húmedos brazos, y lo arrastró tras sí con tal prontitud, que la ola lo cubrió enteramete al cerrarse.

Se hizo de noche y como el cazador no volvía, su mujer sintió gran inquietud; salió a buscarlo como le había referido algunas veces que tenía que guardarse de las emboscadas de la ondina y que no se atrevía a aventuarse en  las cercanías del estanque sospechó lo que había sucedido. Corrió al estanque, y cuando vio la escopeta a la orilla, no dudó ya de su desgracia; llamó a su marido por su nombre, lamentándose y retorciéndose las manos, pero todo fue en vano; corrió al otro lado del estanque, dirigió a la ondina las injurias más violentas, mas no tuvo respuesta alguna. El agua continuaba tranquila y la luna casi llena la miraba sin hacer el menor movimiento.

La pobre mujer no se separaba del estanque, con precipitados pasos y sin descansar daba vueltas a su alrededor, callando unas veces, dando gritos otras y murmurando algunas en voz baja. Al fin, se quedó sin fuerzas, se sentó en el suelo y cayó en un profundo letrargo; bien pronto comenzó a soñar.

Le parecia que subía con la mayor inquietud por entre las dos masas de rocas; las espinas y las piedras herían sus pies; la luna bañaba su rostro y el viento agitaba sus largos cabellos. Cuando llegó a la cumbre de la montaña, todo cambió de aspecto. El cielo era azul, el aire suave, la tierra descendía en suave pendiente, y en medio de un verde prado, esmaltado todo de flores, vio una bonita cabaña; se acercó a ella y abrió la puerta; en el interior se hallaba sentada una anciana de cabellos blancos, que le hizo una señal con la mayor amabilidad. La pobre mujer despertó en el  mismo instante. Era ya de día y decidió poner en seguida en práctica lo que su sueño le había aconsejado. Subió la montaña con gran trabajo y encontró todo lo que había visto la noche anterior; la vieja la recibió con mucha bondad y le indicó una silla donde sentarse.

-Sin duda has tenido alguna desgracia- le dijo-, cuando vienes a visitar mi solitaria cabaña.

La mujer le refirió llorando lo que le había pasado.

-Consuélate, yo te socorreré. Toma este peine de oro; espera hasta que llege la luna llena, entonces vas a la orilla del estanque, te sientas y pasas el peine por tus largos cabellos negros. Cuando hayas concluido, lo dejas allí al lado y ya verás lo que sucede.

Volvió la mujer a su casa, pero transcurrió muhco tiempo antes de llegar la luna llena; al fin brilló en el cielo el redondo disco; fue entonces a la orilla del estanque, se sentó y pasó el peine de oro por sus largos cabellos negros, y cuando hubo concluido se sentó junto al agua. Poco después comenzó a moverse el fondo, se levantó una ola, rodó hacia la orilla y se llevó el peine.  Aún no habría podido tocar el fondo cuando se abrió el espejo del agua y subió a la superficie la cabeza del cazador; no habló, pero dirigió a su mujer una mirada llena de tristeza. En el mismo instante se levantó con gran ruido una segunda ola y cubrió la cabeza del cazador. Todo desapareció en seguida, el estanque quedó tranquilo como antes  la faz de la luna volvio  a brillar en él.

La mujer se marchó desesperada, pero se le apareció en sueños la cabaña de la vieja; a la mañana siguiente se puso en camino y contó su pena a la buna hada. La vieja le dio una flauta de oro y le dijo:

-Espera hasta la luna llena; entonces, coges esta flauta, te pones a la orilla del estanque, tocas un rato y cuando hayas concluido, la dejas en la arena, y verás lo que sucede-.

La mujer hizo lo que le había dicho la vieja. Apenas había dejado la flauta en la arena, comenzó a moverse el fondo del agua, se levantó una ola, se adelantó hacia la orilla y se llevó la flauta. Poco después se entreabrió el agua, y no sólo subió a la superficie la abeza del cazador, sino todo él hasta la mitad de su cuerpo.

Extendió sus brazos hacia ella con ardoroso amor, pero vino una segunda ola con gran estrépito, lo cubrióy lo arrastró al fondo.

-¡Ah! -dijo la desgraciada mujer-, ¿de qué me sirve ver a mi amado para perderlo en seguida?

De nuevo su corazón se llenó de tristeza, pero un sueño le indicó por tercra vez la cabaña de la anaciana. Se puso en camino y el hada le dio una rueca de oro y la aconsoló :

-Todavía hay esperanza; aguarda hasta que llegue la luna llena; entonces tomas la rueca, te colocas en la orilla e hilas hasta que hayas llenado el huso; cuando concluyas coloca la rueca junto al agua y verás lo que sucede.

La muejr siguió el consejo punto por punto; en cuanto llegó la luna llena, llevó la rueca de oro a la orilla del agua e hiló con la mayor actividad hasta que hubo concluido todo su lino y el hilo llenó el huso.

Apenas dejó la rueca junto a la orilla, se removió el fondo del agua con más viloencia que nunca, se adelantó una ola y se llevó la rueca.

En seguida subió a la superficie la cabeza y todo el cuerpo del cazador, saltó en un isntante a la orilla, tomó a su mujer de la mano y echaron a correr, pero apenas habían dado algunos pasos, cuando se levantó toda el agua del estanque formando  una única ola y se extandió por la llanura con una violentcia irrresistible.

Los dos fugitivos veían a la muerte delante de sus ojos, cuando la mujer, con angustia, llamó a la vieja en su corazón,  en un momento fueron convertidos ella en sapo y él en rana.

La ola que los había alcanzado no pudo acabar con ellos, pero los separó y los llevó muy lejos el uno del otro.

Cuando se retiró el agua y pusieron el pie en un terreno seco, volvieron a tomar su forma humana, pero ninguno de los dos sabía lo que había sucedido al otro; se hallaban entre hombres extraños que no conocían, tampoco su país; los separaban altas montañas  y profundos valles. Los dos se vieron obligados a guardar ovejas para ganar el sustento y durante muchos años condujeron su ganado por los bosques y los campos, llenos de tristeza y de pesar.

En una ocasión, cuando comenzaban a brotar las flores de la primavera, salieron los dos con un rebaño en el mismo día y la casualidad quiso que marchasen al encuentro el uno del otro. El marido distinguió la pendiente de una montaña y dirigió hacia ella sus ovejas,  llegaron juntos al valle, pero no se conocieron y, sin embargo, se alegraron de no estar solos. Desde entonces llevaron todos los días sus ganados a pacer juntos; no se hablaban, pero sentían un consuelo desconocido en sus almas.

Una noche, cuando la luna brillaba en el cielo y descansaban ya las ovejas, sacó el pastor la flauta de su zurrón y tocó una música muy melodiosa, pero también muy triste;cuando acabó vio que la pastora lloraba amargamente.

-¿Por qué lloras?- le preguntó.

-¡Ah!- contestó ella-, así brillaba la luna cuando toque por última vez esa música en la flauta y apareció en la superficie del agua la cabeza de mi amado.

La miró entonces le pastor, y e pareció que caía un velo de sus ojos, pues reconoció a su amada mujer, y mirándolo a la luz de la luna, que daba en su rostro, lo reconoció ella a su vez. Se abrazaron, y no hay que preguntar si fueron dichosos.

LA SIRENA

En el mar profundo, vive una sirena, su pelo es azul y su piel es Blanca.

Su cola tiene 7 tonos de azul, cuando ella nada esos colores se ven reflejados la luz blanca,todas las sirenas de el mar la envidian por su belleza,por eso un día…

Mientras la bella sirena nadaba en el profundo océano, una de sus hermanas una sirena de color rosa la llevo a dar un paseo, la sirena de cabellos azules cedió.
Al comenzar el paseo por las profundidades de las aguas
, todo era mágico, los corales, los peces, etc. pero de repente entraron en una gran cueva, todo estaba obscuro y sirena de cabellos azules trato de escapar.

Su hermana le dijo; todas nosotras te hemos tendido una trampa, ya que tu belleza es superior a la de todas nosotras y es por eso que hemos decidido encerrarte en esta cueva donde nunca podrás salir.


La bella sirena se quedo sola en la obscura cueva, ella comenzó a tocar bellas melodías con un arpa que se encontró en la cueva. Al día siguiente descubrió que esta cueva no era tan obscura, ya que existía un brillo muy poderoso que se escondía detrás de unas rocas. La sirena llego hasta el gran oro que escondían los piratas y cogió un espejo.

Al ver su rostro reflejado en el cristal, descubrió su hermosura y comenzó unos cánticos para su madre… El mar.


Después de varias largas noches, un marinero cayo al agua, la sirena escucho el golpe del agua y nado hasta ahí.

La sirena al ver al hombre golpeado, lo llevo a la cueva donde le canto bellas melodías. Cuando el hombre despertó vio a su lado a una bella mujer, el pregunto;como te llamas, la bella sirena le dijo; no tengo nombre me puedes dar uno y seré tuya por siempre. El marinero le respondió; te llamare Bianca, ya que he caído en las Aguas Blanca del atlántico.

Bianca muy feliz le pregunto…¿Cual es el nombre de este marinero que me ha dado libertad y un buen nombre? El marinero respondió; mi nombre es Ivan, soy un marinero Ruso que buscaba la felicidad en las temibles olas del mar y ¿por que dices que te he dado libertad? La sirena respondió; Mis hermanas me encerraron en esta cueva obscura y no puedo salir, ya que necesito que mis colores reflejen la luz del día para tener fuerzas y poder nadar, pero ahora que mi corazón te pertenece, podremos ir al reino donde vivo y seras mi esposo.



comentarios
  1. maria santana dice:

    me encantaron todas tus istorias ya k se k esisten las hadas duenden y sirenas me gustaria saber mas sobre estos pekeños seres

SI TE HA GUSTADO ESTE POST ME ENCANTARIA SABERLO

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