♣ HISTORIAS DE DUENDES ♣

Los duendes domesticos  existen en numerosos países bajo distintas formas, y así mismo adoptan diversidad de nombres, proceden originariamente del grupo llamado :

  <<Elementales  de los Bosques>>

que en un momento dado, decidieron voluntariamente separarse de sus congéneres mas allegados :

<< La Gente Menuda >>

y acercarse a los hogares de los seres humanos, movidos en gran parte por su curiosidad.

Les encanta ayudar, servir al hombre, y lo hace a cambio de muy poca retribución :

un cuenco de leche, algunas prendas de vertír usadas, mendrugos de pan…

Suelen ser invisibles al ojo humano, aunque algunas veces se dejan ver,

y a veces tíenen sus defectos y manías…

Son leales con la casa que escogen e incluso aman a sus mienbros, pagando sus atenciones y sus ofrendas con todos los beneficios que un duende puede dispensar, que son  muchos si se quieren.

En cambio, si lo maltratan verbalmente o físicamaente se puede convertir en el ser mas vengativo que uno pueda imaginarse y procurará hacer la vida imposible a la familia.

Existe una vieja historia ocurrida en el Palacio de Rozadiella, cerca de Campos de Tineo, en el que no se podía vivir por culpa de un duende.

Cuando sus habitantes decidieron irse de allí, cargando sus enseres en varios carros, alguien vió que con ellos también se mudaba el duende :

– ¿Donde vas ? – le preguntó el carretero

– Ya que todos vais, de casa mudada,

también yo me mudo con mi gorra encarnada.

Para adentrarnos en este mundo maravilloso de los Duendes, aqui les dejo algunos leyendas que cuentan sus travesuras ...

– LEYENDA DEL LEPRECHAUN –

Este es un diminuto elfo oriundo de Irlanda, es el zapatero de las Hadas y su carácter es sumamente cambiante puede estar tan contento como de repente se puede mostrar cabizbajo y trizte, sombío y arisco. Le gusta beber buen whisky escocés y fumar en pipa. Se le suele ver con una sola bota trabajando en su taller, instalado debajo de un hongo. Este zapatero en realidad es el custodio de los tesoros de sus parroquianas, las Hadas.

El Leprechaun, cuando no vive debajo de un hongo, lo hace bajo las raíces de un árbol, o en las ruinas de algún castillo irlandes.

Se cuenta, que en cierta ocasión, Thomas Fitzpatrick vió a un leprechaun debajo de una seta enorme, atento a su zapato, Thomas no había visto jamás a un miembro de La Gente Menuda, por lo que acercandose sigilosamente, logró apoderarse del pobre leprechaun.

Mientras este trátaba de zafarse de la presa, Fizpatrick le dijo:

– No te soltaré hasta que me digas donde escondes tu tesoro.

Cuando al cabao de un  forcejeo el leprechaun comprendió que le resultaba imposible desasirse, trató de contemporizar.

– Está bién, –  le dijo a Thomas.

Si cabas debajo de esta planta , –  señaló una que crecía en pleno campo, entre más de un centenar de otras iguales – , hallarás tanto oro que no podrás transportarlo todo de una vez.

Como Thomas Fitzpatrick no llevaba ninguna pala consigo, ató una de sus ligas coloradas a la planta y fué corriendo a su casa en busca de un azadón.

Cuando volvió al lugar señalado por el leprechaun, Thomas halló que este había desaparecido, y que todo el centenar de plantas iguales ostentaba una liga roja. Y Thomas Firzpatric se vió, burlado, y sin el codiciado teosor.

– EL GNOMO TRABAJADOR –

Cuenta un leyenda germana que en tiempos muy antiguos existió un gnomo muy trabajador, el cuál vivía regaladamente en el castillo de un noble Duque. Finalmente, un descendiente del duque quiso arrojar del castillo al gnomo en cuestión, por lo que llegó incluso a llamar a un exorcista, pero el gnomo se irritó y destrozó el libro de oraciones que tenía el sacerdote en sus manos, al que además le propinó una paliza formidable.

Un buen día, el noble tuvo que partir en su carroza hacia la corte, y dejando todo bien cerrado, tras haber dado licencia temporal a su servidumbre, pensó que, sin alimentos ni compañía, el gnomo abandonaría el castillo. Sin, embargo, se cuenta que durante el viaje una pluma de color azulado iba siguiendo el carruaje del duque.

Llegado éste a la corte, al día siguiente halló en falta su tabaquera de rápe, una pieza de oro incrustada de piedras preciosas. Muy acalorado, el duque acusó del robo al  ayudante de cámara que lo había acompañado  en el viaje, pero el servidor se deshizo en protestas de inocencia.

Aquella misma noche, el gnomo se presentó a su amo,  arrepentido de haberle gastado aquella jugarreta, y confesó su delito. ¡Era él quien había susteaído la tabaquera!.

Lo había hecho por venganza ante la actitud desdeñosa del duque para con él.

El noble comprendió su falta, puesto que el gnomo era un gran trabajador, y habia hecho bastantes favores a la familia a lo largo de los siglos, y permitió que el gnomo doméstico regresase con él al castillo, viviendo en el cuanto tiempo quisiese.

Hace varios siglos que el castillo fué derruido, y la gente del lugar cree haber visto vagando al gnomo por entre las ruinas, lanzando por las noches sonoros gemidos, lamentandose de su soledad.

Las distintas formas de transcurrir el tiempo en el país de la Gente Menuda está inspirada sin duda en relatos de la literatura popular.

LA HISTORIA DE – SHON AP SHENKIN –

Una leyenda cuenta que un joven llamado Shon ap Shenkin, una hermosa mañana de verano, se sintió cautivado por una mágica melodía, y se sentó bajo un arbol a escucharla. Cuando se

estinguieron los últimos acordes de aquella música, se levantó y quedose sorprendido al ver que el árbol que le cubría, y que antes fuera verde y frondoso, se había secado. Al regrasar a  su

hogar, observó que la casa estaba extraordinariamente cambiada, algo mas vieja y recuvierta de hiedra, en el umbral de la puerta, estaba de pié un extraño, un viejo que saludo a Shon y le

preguntó que deseaba.

Shon, sorprendido, respondió que hacia unos minutos que había dejado a su padre y a su madre en esa misma casa.

Le preguntó el viejo como se llamaba. – Shon ap Shenkin – , le repondió el muchacho. Y una palidez mortal recubrió el rostro del viejo, que contestó:

– He oído hablar muchas veces a mi abuelo, tu padre, de tu desaparición – .

Al oír esto, Shon ap Shenkin, se deshizo en polvo sobre el umbral de la casa.

– HISTORIA DE UN DUERGAR –

Se cuena de un viajero que habiendose perdido por el al tiempo, vió brillar una luz a corta distancia. Halló una choza de rugosa piedra, iluninada por un fuego moribundo. A cada lado del fuego había dos piedras y junto  a ellas dos troncos. Se sentó en una  y avivó el fuego con unos leños, y al rato entró un duergar y se sentó frente al viajero. Allí estuvieron sentados hasta que el fuego se apagó.

El duergar cogió un enorme tronco, lo quebró sobre sus rodillas y lo puso en la hoguera. Cuando se consumió, el duergar, le indicó al viejero que colocase el otro pedazo del tronco en la hoguera, pero el viajero, sospechandose alguna jugarreta, no  hizo nada.

Permanecieron así sentados hasta el amanecer, en que de pronto, el duergar, la choza y la hoguera desapareciéron y el viajero se encontró sentado al borde de un alto despeñadero.

Si se hubiese movido para alzanzar el tronco se hubiese matado al caer.

–  EL BROWNIE –

Es un duende familiar cuyo nombre varía según la localidad inglesa ó galesa donde habita. Por lo general el brownie adopta una casa de la que cuida y hace gustosamente las labores que se quedan sin hacer o mal hechas según le parezca a él.

A cambio, por sus quehaceres, el brownie, no espera mas que un cuenco de nata o de la mejor leche y una torta untada en miel, pero si algo mas le ofrecen, se ofenderá y se marchará.

Cuentan que una sirvienta de una granja de Monmouthshire burló a un brownie, dejandole un tazón lleno de orín del ganado en vez de crema. El brownie la acometió primero y luego se marchó a trabajar a otra grnaja, donde una moza curiosa quiso saber cómo se llamaba, pero se nagó a decírselo.

Una noche se marcharon todos los hombres y la moza figió salir también, pero se acercó con cautela al pié de la escalera, donde moraba el brownie, y le oyó cantar:  –

– Como se reiría si supiéra que me lamo Gargantillo – .

Gritó la moza que ya sabía cómo se llamaba  y él se marchó de allí y se transladó a una alqueriza  vecina, donde se hizo amigo de un criado llamado Moisés.

Dióse el caso que a Moisés lo mataron en elcampo de Bosworth, y tan malo se volvió Gargantillo y tan molesto, que llamaron a un hechicero para que lo conjuráse.

Por mucho insistir el hechicero consiguio que el brownie asomase la naríz por el agujero donde se escondía y lo traspazó con una lezna; en ese momento se formó un gran remolino de viento que lo arrastró hasta lanzarlo a un lago que había cerca de allí.

– HISTORIA CONTADA POR UN GNOMO –

Un viejo escritor que vivía en Noruega pasaba muchas horas hablando con un gnomo que venía a visitarle a diario y le contaba historias que  escribía y transformaba en maravillosos libros. Un día el viejo escritor se levantó muy cansado y presintió que se íba a morir. Su mágico amigo apareció sobre su mesa de escritorio a la misma hora de siempre. El gnomo sentaba sobre un libro y mirando su viejo reloj de plata saludaba al escritor. Este le pidió que le relatase una nueva historia y el gnomo le contestó que ya él había escrito todo lo que se podía contar y que con ello él se había hecho rico. Pero el escritor inisistió y le pidió que le relatase la última de las historias.

– Sea pués – le contestó el gnomo, y así comenzo…

– ¿Ves a lo lejos, al borde del lago, ese enorme sauce llorón ?-. Las puntas de sus ramas estan siempre metidas en el agua. Te diré por qué.

Hace mucho tiempo, en una noche oscura, los trolls de las montañas sustituyeron con su hija pequeña a la hija de un rico agricultor, secuestrandola mientras todos dormían. Al día siguiente los pobres padres no acertaban a comprender por qué de pronto se había oscurecido tanto la piel de su hija ni por qué su ojos parecían dos oasis.

Pero en lo profundo del bosque, los trolls se sentían alborozados al contemplar los ojos azules, los rubios cabellos y la piel suave de la niña robada, por lo que ejecutáron una alegra y colosal danza en círculo.

La niña troll creció hasta convertirse en un oscuro marimacho que no hacía mas que maldades y cosas desagradables; no quería a nadie ni nadie la quería a ella. Un día desapareció y nadie volvió a verla jamás.

Pero en el bosque, la hija del agricultor cada año era más dulce y adorable, a pesar de las cosas groseras y vulgares que veía en torno suyo. Tenía ya diecisiete años cuando la descubrió Olaf, un fornido trabajador del campo. Traía unas cuantas vacas perdidas en las altas praderas, cuando vió a la hija del labrador. Se hallaba barriendo el suelo frente a la cueva troll, bajo la mirada vigilante de la vieja madre troll.

Había oscurecido ya, pero Olaf pensó que jamás había contemplado nada tan bello y hermoso. Se enamoró al instante. Cuando trataba de acercarse, la madre troll tiró de la hija hacia el interiór y cerró la puerta.

De vuelta al establo Olaf me preguntó si quería ayudarle y aquella misma noche iniciamos nuestra marcha. Al llegar a la colina troll, vímos que de ella fluía una corriente. (El agua corre por en medio de todas las colinas troll; la utilizan para beer). Haciendo uso de una varilla de zahorí, encontré al otro lado de la colina el manantial de donde manaba el agua. Excavamos un hoyo y cuando llegamos al agua, Olaf me metió en un zueco de madera y así entré flotando en la cueva mal ventilada de los trolls.

Me escondí y metí el zueco en un rincón oscuro de la cueva y esperé a que los trolls salieran a cometer sus delitos nocturnos en el bosque.  Antes de salir, encerraron a la muchacha en una alcoba lateral y por último cerraron tras de sí la puerta principal con llave. Tan pronto como fué prudente, liberé a la joven y le dije: – ¡No eres una muchacha troll! -. Fuera te espera alguien que te agradará mucho mas que un troll.

Ella  se quedó atónita y vaciló, pero acabó siguiendome. Al salir vió a aquél gigante rubio que era Olaf,  y al punto se enamoró de  él, lo mísmo que él se había enamorado de ella.

Los tres corrimos en dirección a casa. Pero nos hallábamos aún en lo más profundo del bosque, y antes de que pupdiéramos escaparnos, los trolls se enteraron de que les habíamos robado su presa. Nos alcanzáron, golpearon a Olaf, hasta dejarle amoratado, y se lleváron otra vez a la muchacha. Yo no pude hacer nada.

Durante los días siguientes seguimos intentando resctar a la muchacha pero siempre nos fué imposible pero nunca dejamos de ir  a ver como estaba. Los trolls se habían cambiado de cueva  e íbamos a observarlos para volver a rescatar a la joven.

Tres semanas después, nevó. Había conseguido que dos renos nos prestasen ayuda. En la cueva de los trolls, tuve que esperar la mitad de la noche, porque no solo estaba de centinela la madre troll, ¡sino también el padre!. Pero logré verter una cantidad suficiente de poción soporífera en sus gachas para dejarlos profundamene dormidos.

Los renos nos transladaron rápidamente en un trineo y nos llevaron por sendas poco conocidas en dirección al lago. Los trolls nos persiguieron, pero gracias a la tormente de nieve, pudimos llegar al borde del lago. Yo sabía donde estaba amarrada una vieja barca pesquera y saltamos a ella veloces. Soltamos el trineo, dimos las gracias a los renos y los hicimos volver con los suyo. El lago aún no se había helado del todo. Olaf y la muchacha subieronn al bote y empezáron a remar; yo me fuí esquiando hacia casa a lo largo e la orilla del lago. Nada podía suceder. Casi amanecía cuando cayéron los últimos copos de nieve, se despejaba el cielo y, allá por el oriente, adquiría un matíz amarillo y rojo.

Cuando ya la barca se había adentrado una buena distancia en el lago, los trolls acabaron por llegar al muelle. Allí depotricaron enfurecidos, pero Olaf avanzaba a grandes remadas hacia la otra orilla, ya era imposible que los trolls le alcanzasen. No disponían estos de mucho tiempo, pues cuando brilla el sol sobre ellos, se convierten en piedra. De pronto, el más fuerte de los trolls cogió un pedrusco gigantesco y lo lanzó contra la huidiza pareja. La piedra no acertó a dar en la barca, pero cayó tan cerca que la barca volcó: la fuerza de succión arrastró a la joven a lo profundo del lago y se ahogó.

Cuatro horas estuvo buscando Olaf en su busca, pero no tuvo suerte. Enormemente abatido, tuvo que nadar hacia la orilla del lago.

Esto dejó a Olaf inconsolable. Todos los días se acercaba al borde del lago y permanecía quieto en un punto, mirando fiijamente al agua. Pero nunca llegó a ver a la muchacha. Y cuando fué tan viejo que ya no podía trabajar, aún siguió volviendo al mismo lugar. Al final, se pasaba allí el día entero. Le salieron ramas de la cabeza y raíces en los piés. Y allí permaneció para siempre.

Es ese sauce llorón que ves al borde del lago. Y aún ahora, sus ramas rebvuscan en el agua tratando de hallar a la muchacha ahogada.

LA DESDICHADA COMITIVA

La desdichada comitiva escocesa, es totalmente perversa . Sus mienbros a los que se conoce por “ La Hueste ´´  son los espíritus de los muertos no perdonados, vuelan por los aires durante la noche, secuestrando a los mortales que tíenen la desgracia de cruzarse en su camino. Las desventuradas víctimas se ven arrastradas, golpeadas y obligadas a participar en las nefastas actividades de sus atormentadores entre las que figuran el lanzamiento de saetas de pedernal contra los demas hombres y contra el ganado.

La componen una gran variedad de monstruosidades espantosas y sobrenaturales, entre ellas su  propia jauria espectral.  Estos seres vuelan de un lado para otro en grandes nubes sobre la faz de la tierra o por encima de ella.  En las noches de mal tiempo , Las Huestes, libran batallas en el aire como los hombres lo hacen en la tierra. Se las puede oír en las noches heladas retrocedieno y abanzando, abanzando y retrocediendo,unos contra otros.

La Hueste , no tíene que ver con los poripamete seres férico, aunque se incluye entre los mítos élficos.

– HISTORIA DEL GENIO TRABAJADOR

Existe una descripción del siglo XVII acerca de  un genio doméstco, hecha en los siguientes terminos:

Hallándome en el campo contemplando la naturaleza, mi atención se vió atrída por una roca situada a unos teinta metros de distancia, debajo de la cuál se hallaba uno de esos genios que suelen vivir bajo tierra.

Cuando lo ví estaba ocultandose debajo de la roca. Era una figura de color pardo, grotescamente humana,  llevaba un gorro de color rojo, muy puntiagudo, inclinado un poco sobre la fente. Su cara era la de un viejecito,muy arrugada con una larga barba gris.

Vestía una especie de tabardo gris, que le llegaba casi a las rodilla. En la mano derecha empuñaba una especie de quinqué, con una vela dentro, que desprendía un color amarillento. Al parecer, bajo aquella roca tenía su hogar, un simple hueco, que debía considerar como un palacio.

Poco después, le ví salir de nuevo y dirigirse a una corraliza no lejos de allí, en la que yo no había reparado.

Seguí al genio, el cuál empezó a ordeñar unas ovejas, llevando después varios cubos repletos de leche a una granja continua a la corraliza. Dejó los cubos junto a la puerta de la casa, y entonces se dirigió a un campo sembrado de avena, y se dedicó a arrancar la cizaña, que al parecer crecía entre el cereál.

Mientras tanto, salió de la casa un hombre, al que tomé evidentemente por el amo de la granja. Este, vió los cubos de leche, llamó a una criada para que se hiciese cargo de ellos, y despues se adelantó hacia el trigal, viendo como los hierbajos íban desapareciendo como arrancados por una mano invisible, puesto que tan pronto como surgió el granjero de su casa, el genio se volvió invisible a mis ojos, y supuse que también a los ojos del granjero.

Cuando el hombre, satisfecho y restregandose las manos regresó al interiór de la casa, dejé de interesarme por el asunto. Y comprendí que acababa de ver un genio doméstico en acción.

–  LA TRADICION DE TENER UN GNOMO EN EL JARDIN

Ingeniosamente, una familia de gnomos había construido su hogar entre las oscuras y calientes vigas de un molino de viento de Holanda del norte. El molinero los conocia muy bien. Una vez salvó a la mujer del gnomo de que la triturase la piedra del molino. El molinero dejaba siempre aparte leche y harína de trigo para la familia del gnomo.

A cambio, éstos estaban atentos a los fuegos y le avisaban la llegada de la tormenta  del tiempo ventoso. De esta manera, el molinero podía sujetar siempre las aspas de su molino a tiempo de impedir que girasen locas, produciendo acaso un fuego a causa de la fricción, – un riesgo muy común en los molinos de viento -. Si alguien de la familia del moliner caía enfermo, el gnomo acudía a la llamada y colocaba su mano diminuta y arrugada sobre la fente enfebrecida; además les dejaba unas hierbas medicinales muy eficaces. Por regla genera, este tratamiento acababa con un rápido restablecimiento. En una palabra, todo marchaba bien en el molino, no sólo física sino economicamente. El molinero y su mujer eran muy trabajadores y tenían unos hiijos encantadores.

Pero cerca de ellos vivían algunas gentes perezosas, menos inteligente y cuyas esposas eran demasiado pródigas en el dinero. Envidiosos estos malvados vecinos esparcieron el rumor de que el molinero se daba a la mágia negra y tal era la razón de su gran prosperidad. La mayor parte de la gente no hizo caso de estos chismorreos, pero entre los descontentos persistieron los ruores.

En una de esas guaridas de chismes vivía una hermosa niña de once años, con unas trenzas rubias como la paja. Costaba trabajo creer que pudiera ser hija de padres tan estúpidos y tan cortos de ideas – pero así ocurre a veces -. La niña sabía cuanto es posible saber acerca de los animales y las plantas, y tenía un arte maravilloso para modelar el barro.

 Dulce y paciente, bien podia decirse que cuando crecería sería una belleza. Enterada estaba de las habladurías  que circulaban por la aldea, pero no le cabía duda de que la prosperidad del molinero se debía a los gnomos que vivían en el molino y nunca a la magia negra.

 Hubiera dado cualquier cosa por tener un gnomo suyo, pero por causa de sus padres, siempre pasaban de largo por su casa. Un día, en la escuela, estaba la niña modelando en barro un gnomo que parecía de verdad, en lo que la ayudaba su maestro. El alfarero del lugar tuvo la bondad de cocerle en su horno el gnomo modelado. Después, la niña pintó de azul el gorro del gnomo (equivocadamente, por supuesto),  de rojo su blusa, y de verde los pantalones y las botas. Construyó también una carretilla pequeña de madera y poniendo en ella la estatuilla la colocó entre las flores del jardín de sus padres.

 Sus padres se burlaron de la escultura, pero no la quitaron de allí. Naturalmente, los gnomos del molino se enteraron y acudierona contemplarla. Y se emocionaron. Como premio, todos los meses le traían un regalo a la niña. Y su dulzura  y su firmeza ejercieron tan benéfica influencia con el correr de los años, que sus padres se volvieron menos retrasados y más generosos. En su consecuencia – y con un pacto de suerte – su propiedad fue mayor.

 Pero los demas mastuerzos, naturalmente, lo interpretaron todo mal y murmuraban entre ellos:

– << Si   pones en el jardín una estatua de gnomo te harás rico >> -.

Una tonteria como una casa, por supuesto. Pero esas ideas prenden. Y desde entoncs, es tradición en algunos países tener un gnomo en el jardín, con carretilla o sin ella.

– LOS TRASGOS DE TOLKIEN –

Por ultimo aquí les dejo con lo que opinaba  J. R. R. Tolkien de los duendes, vistos desde su particulara visión.  Creador de todo un complejo y elaborado mundo mitológico , que dió lugar a obras como  –  El Hobbit,  El Señor de los Anillos  o  el Silmarillion  -,  en el cuál incluyó tanto a criaturas fantásticas tomadas de la leyendas británicas, que él conocía muy bien, como a otras de su propia invención, pero recreadas de forma magistral.

Pues bien, Tolkien, se separó de la imagen simpática que tenémos en toda europa sobre los  trasgos,  diciendo que eran seres moradores de la oscuridad, engendrados con viles propósitos, que en épocas anteriores eran conocidos como Orcos.

Su sangre era negra, ojos efervescentes, inyectados en rojo, y, hubo un tiempo en que eran una raza dedicada a empresas tiránicas de gran magnitud, sobre todo en la época de la Tierra Media, cuando todavía no tenían miedo a la luz…

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