♥♥ NENEDAN ♥♥

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NENEDAN

ADAN  CANARIO

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Tuvo  este personaje una vasta significación en la historia de estas islas, tanto por su propia personalidad, como por lo que posteriormente fue considerado por los conquistadores y su larga vida orlada de trabajo y fecundidad, cuando por los motivos que vamos a ver, pasó a morar este personaje a la isla de  Erbani en la actualidad Fuerteventura, donde fijó su residencia, dando origen al lugar que hoy lleva su nombre.

Adan Canario no era otro que el noble Guayre canrio Nenedan, teniente del Guanartemato de Tilde (Telde), para la época de Diego Herrera, llamado Ventahore, a quien era discolo y violento con sus propios capitanes, hasta el mismo día de su muerte.

Después de varios hechos de armas notables y heroicos por parte de Nenedan, guerrero valiente, largamente astuto, sin que sepamos los motivos que hubieren tenido para ello, llegó a enemistarse definitivamente con Ventahore. Siendo hecho prisionero por Diego de Herrera en una de las escaramuzas libradas en suelo Canario, se convirtió a la fe cristiana. Nunca quiso regresar a sus lares, por cuya razón el conquistador, regalándole tierras y ganados, lo afincó en Erbani (Fuerteventura), consiguiendo así librarse definitivamente de uno de sus más valerosos enemigos.

Algunos historiadores imputan a este guerrero canarii-canario la acción conocida con el nombre de “El ardíd de las gaviotas ” que sucedió como relatamos a continucación.

Sobre las costas canarias sucedíanse casi sin interrupción los intentos de desembarco por parte de españoles y portugueses, pero con preferencia por el conquistador Diego de Herrera que, pese a sus denodados esfuerzos no pudo implantar su autoridad en la isla de Gran Canaria.

A la zasón hallábase este capitán enfrascado en un maduro proyecto de conquista muy esperanzador debido a la inyección de juventud y entusiasmo, no exenta de apreciable ayuda material, que le proporcionaba su nuevo hijo politico, Diego de Silva, caballero protugués que había casado con su hija María.

Merodeaban, pues, los españoles por aquellas costas de Gran Canaria. Un día se vieron sorprendidos por la aparente paz y quietud que a sus ojos presentaban la pequeña población aborígen de Ayraga, próxima a Bañaderos.

En efecto, la población se hallaba desierta. Incluso los visitantes pudieron observar cómo las gaviotas, habitualmente ausentes de los parajes mas habitados, habían tomado posesión de los aleros y tejados de las viviendas, que holgaban arrullándose suavemente bajo el cálido sol.

Parecióles a los españoles propicia la ocasión de hacer un desembarco para apropiarse de cuanto bueno pudieran encontrar,  pues pocas veces se les  presentaba la oportunidad de hacerlo sin el riesgo de tener que liberar alguna enojosa escaramuza con los canarii- canarios.

Seguramente aquel día, los pobladores, acompañados por sus mujeres e hijos se habrían traslado a algún campo del interior a recoger sus cosechas y lo más seguro era que no regresarían hasta bien entrada la tarde, si es que regresaban el mismo día.

Tal como lo pensaron, lo hicieron. El desembarco se efectuó entre gran algazara y regocijo.

Irrumpieron en la población alegremente distribuyéndose en pequeños grupos hacia las casas por allí diseminadas.

Pero cual no sería su enorme y desagradable sorpresa cuando de pronto se vieron sorprendidos por un enjambre de canarii – canarios armados, que por todas partes les atacaban, en medio de una infernal gritería.

Pero si aparte del natural desconcierto algo les podría causar mayor asombro, fue el observar cómo aquellas timidas gaviotas, permanecían en sus puestos en  medio de aquella algarabía, debatiendose en inútiles aleteos.

Arreglaronse como pudieron para rechazar el ataque y retrocediendo hasta la playa, tornaron a reenvarcarse protegidos por don Diego de Herrera, abandonando tan arriesgada empresa, mohínos, con las manos vacías.

Desde la orilla los nativos viéronles partir. Entre ellos estaba Nenedan, comentando con gran regocijo con los suyos, el resultado del ardid que ya se  pueden imaginar ustedes.

Nenedan había dispuesto que varias gaviotas capturadas fueran amarradas o sujetas a los aleros y tejados, para dar la sensación de abandono del pueblo por parte de sus moradores, los cuales se retiraron sigilosamente, permaneciendo escondidos, hasta que juzgaron el momento adecuado para caer sobre los confiados invasores.

Da este ardid idea de la talla o de la categoría de Nenedan y no puede extrañarnos que en aquella época en que las cualidades guerreras y la valentia eran tan admriadas por unos y por otros, Diego de Herrera, respetando la personalidad de Nenedan, le otorgará posteriores favores.

No tomó parte Nenedan posteriormente en más acciones bélica ni en pro ni en contra de conquistadores o conquistados, limitándose a llevar una vida plácida y tranquila, asegurándonos los historiadores que fue muy nutrida su descendencia, como también muy destacable su longevidad a la que debió este sobrenombre con el cual le apellidó la Historia.

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11Guanche-atacando-copiaLeyendas de las  Islas Canarias

J. M. G.y Garcia de laTorre

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