♥♥ FERNANDO GUANARTEME ♥♥

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5.

EGONAYGA SEMIDÁN

FERNANDO GUANARTEME

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La figura de Fernando Guanarteme es de una magnitud tal que ella sola bastaría para cubrir dignamente la epopeya aborigen, especialmente referida a la isla de Gran Canria.

Porque indudablemente la prócer figura de este noble y ejmplar guerrero y político ha sabido matizarse a través de su propia existencia de todas las virtudes, de todos los atributos y de ese rico y polícromado anecdotario multicolor, que diseña la vida de las grandes figuras de la historia.

Ya desde un principio, en su misma juventud, las cualidades personales que adornaron a este personaje le hicieron completamente diferente de su hermano Ventahore Semidán, que fue Guanarteme de Tilde ( en la actualidad Telde).

Al morir el padre de ambos, que era Artemis Guanarteme de la isla de Gran Canaria, aunque tenía más hijos, sólo dos optaron por repartirse el territorio, originándose así dos Guanartematos: El de Agaldar ( Gáldar), al norte, que si bien era el más pequeño en extensión y en número de habitantes, era el más rico por las condiciones más productivas de su tierra y por ser la cuna de la nobleza canaria, sede primitiva, de aquella gran reina que se llamó Atidamana, que precediendo muchos años a Isabel la Católica, llevó la unidad a la tierra canaria, sometiendo a todos los demás Guanartemes y Guayres, comenzando así el desarollo de Gran Canaria como una gran nación.

Al Sur extendíase el territorio del Guanartemato de Tilde ( Telde), que si bien era de mayor superficie contaba con menos recursos naturales y su gente, mucho más numerosa que la de Agaldar ( Gáldar), era en gran mayoría de la clase plebeya o llana y el género de vida más rudimentario, dando preferencia a sus actividades de pesca y marisqueo en torno a las costas y dilatadas playas, cerca de las cuales ubicaban sus poblaciones más importantes.

Fernando Guanarteme, en su primitiva época, se llamaba Egonayga Semidán o Guachesemidán, siendo el primogénito del Guanarteme Artemi Semidán. De naturaleza tranquila y apacible, poco ambicioso, generoso y fuerte, gobernaba a los suyos por medio de la persuasión y del cariño, sin emplear jamás la violencia, siendo en realidad un padre para su pueblo. Heredó o tomó en el reparto que se hizo, el trono de Agaldar ( Gáldar).

Sin embargo, su hermano Ventahore era completamente distinto, duro, ambicioso, tenaz, sumido siempre en continuos altercados con sus propios Guayres y poco dado a la transigencia y a la contemporización. Seguía en edad a su hermano Egonayga, por cuya razón fue nombrado Guanarteme o señor de los términos de Tilde ( Telde).

Al efectuarse este reparto se distribuyeron también los altos cargos y las dignidades religosas entre el resto de los hermanos y familiares, naturalmente nobles, más allegados.

Mucho podríamos exterdernos sobre las actividades de nuestro personaje pero partiremos, pues, de aquel punto cruciál, en el cual el destino pone en juego la suerte de este monarca, al decidir Pedro de Vera, gobernador de la isla, apresarle para terminar con la resistencia abotígen .

Reconstruyamos el escenario . . .

Al morir Ventahore, el trono de Tilde (Telde) quedó desierto, pues sólo dejaba dos hijos de menor edad, un varón y una hembra, incapaces para gobernar. Entonces vimos cómo Doramas, haciéndose con el Poder, se convirtió en Guanarteme de Tilde ( Telde) y asistimos posteriormente a su propia muerte a manos de Pedro de Vera en singular duelo.

La muerte de Doramas dejó nuevamente acéfalo el trono de Tilde (Telde) y este gobierno pasó a manos de los Guayres, encabezados por el noble Taxarte y el gran Faycan de Tilde (Telde), viejo ya y hermano del difunto Ventahore. Éstos temian el proyecto de aguardar la mayoría de edad del hijo de Ventahore para unirlo en matrimonio con Guayarmina, hija del Guanarteme de Agaldar ( Galdar ), que vivía con su tío el gran Faycán de Tilde ( Telde), para así unficar en un futuro los dos reinos y resucitar el gran imperio de Atidamana.

Así las cosas, Pedro de Vera, dispuso la prisión del Guanarteme de Agaldar ( Gáldar). Ordenó a Fernández de Lugo, alcaide de Agaete que, en compañía de Hernán Peraza, recién llegado, atacaran por Atiacar (en la actualidad Artenara), sobre Agaldar( Gáldar), mientras él lo hacia por Arehucas (en la actualidad Arúcas). Así lo hicieron aquéllos y consiguieron apresar al sorprendido Guachesemidán, junto con unos pocos Guayres y otros familiares, que posteriormente entregaron a Pedro de Vera en Ayraga (en la actualidad Bañaderos), lugar famoso por el conocido “ardid de las gaviotas”.

Pero los tiempos habían cambiado. Muchos años atrás en una coyuntura semejante, Egonaiga había sido hecho prisionero por los hombres de Diego de Herrera y éste, a ruegos de su yerno Diego de Silva, habíales puesto en libertad en pago de una acción semejante realizada por el Guanarteme cuando en una escaramuza el caballero de Silva había sido hecho prisionero a su vez por los canarii-canarios de aquel termino.

Ahora los años pesaban ya sobre la maciza y corpulenta figura del viejo Guanartme Egonayga Semidán..

En una completa identificación telúrica del hombre con su paisaje, el hombre fuerte de antaño, seguía erguido y viril pero su cabellera blanqueaba ya, coronando aquella masa humana muscular como la nieve coronaba la cima de las altas cumbres de Gran Canria, destinadas a presidir para siempre la futura paz de sus convulsionadas islas por el estremecimiento de la sangrienta lucha que en muchas de ellas se estaba desarrollando.

Así, pues, esta vez Egonaiga y los notables que con él fueran presos, fueron enviados por el gobernador Pedro de Vera a la Corte Española.

LLegados los prisioneroa la Península, siendo por todos bien recibidos y bien tratados, Guachesemidán, profundamente humano y buen observador, no dejó de ver el estilo de vida de aquella gente, su progreso y las ventajas de aquella civilización. En resumen, que una vez bautizado, apadrinado por las propias majestades Católicas y nombrado señor de Guayayedra, lugar del reino de Agaldar(Gáldar), regresó a la isla, junto con sus Guayres, con la misión de atraer y pacificar a su pueblo par evitar más derramamientos de sangre. Así lo prometió y así lo cumplió. Pues jamás a través de la historia del puebo canarii-canario, nos ha llegado la noticia de que un canario, en ninguna de las islas, hubiera faltado a la palabra por él empeñada. Como era costubmbre, este Guanarteme (Rey) tomó el nombre cristiano de su padrino, que lo fue el Rey Fernando.

De esta época de su pemanencia en la Corte española, nos ha llegado a través de la leyenda un episodio que, cierto o no, pone en especial relieve aquellas cualidades de serenidad y mesura que adornaban a este Guanarteme Canario, como también pone de relieve su extraordinaria fuerza física, mantenida a través de los años, con un raro vigor.

Se cuenta que habiendo sido invitado a una comida en Palacio, junto con otras muchas personalidades, sus anfitriones se habían concertado, conocedores de su fuerza, para juzgarle una pequeña broma y ver así su modo de reaccionar. Para ello dispusieron que la silla en que había de sentarse fura de hierro disimulado con fundas y cueros repujados que no se diferenciaban de las otras sillas de madera, disponiéndolas todas muy aproximadas a la mesa, de tal manera que cada comensal, en el momento oportuno de sentarse a la mesa, tuviera que arrastar o mover hacia atrás su silla para poder colocarse en ella.

Estaban todos en el secreto de la broma y esperaban con verdadera expectación el momento culminante en que el Rey Canario se dirigiera a su asiento para proceder al inicio del banquete. Dieron sus Mejestades la señal y todos procedieron, como queda indicado a mover sus sillas, mirando de reojo hacia el puesto reservado a Egonaiga, dispuestos a soltar la carcajada. Pero no hubo motivo para ello, pues el valiente Canario, levantando la silla con tal facilidad con que los demás levantaban la suya, no vaciló ni un segundo y sin dar ninguna muestra de curiosidad o extrañeza, tomó asiento a la mesa con toda naturalidad,dejando a todo el mundo asombrado, pues la silla pesaba más de un quintal.

Su regreso a Gran Canria, con la misión que ya indicamos, fue acogido con el natural júbilo por Pedro de Vera, pero no sucedió lo mismo con sus paisanos. En este sentido su venida en tales condicioens, más bien contribuyó a exacerbar los ánimos de los rebeldes, que preferían proseguir en la defensa de la isla hasta la muerte, como eran Taxarte y los suyos.

No es necesario cansarles con el relato de las múltiples intervenciones de Fernando Guanarteme a fin de evitar la pérdida de vidas humanas, la masacre y extinción de los suyos. Sólo referiremos que en su última intervención, en la batalla de Ansite, intervino por última vez evitando un choque sangriento y terminando para siempre con la tenaz resistencia canarii – canaria.

En esa oportunidad se suicidan despeñandose (muerte tradicional entre el pueblo canarii) el gran Faycán y su sobrino Ventejuy, pretendiente de Guayarmina,quien frustrado su intento de acompañar en la muerte a su prometido, al ser contenida fuertemente por parientes y amigos se reintegró con su dolor al hogar paterno, añadiendo la tradición que su padre la hizo bautizar y tomar le nombre de Catalina. Tenía entoces dieciocho años y en aquella alma inocente habría de quedar grabada para siempre la impronta indeleble de la última gesta que truncaba todas sus esperanzas y escribía la ultima página, roja y brillante, en medio de la desesperación de su negrura, para aquel pueblo cuyas vicisitudes habían comenzado apenas cien años atrás.

La historia guarda sitial de honor para este noble canario que cuando hubo lucha, supo luchar, pero que cuando vio oportunidad de atisbar un mundo mejor, tuvo el valor y el heroísmo de comprender el enorme sacrificio que la tarea civilizadora requería para cambiar en progreso aquel concepto salvaje y bello de libertad que tuviera su Pueblo.

5

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Leyenda de las Islas Canarias

J.M.G.y Garcia de laTorre

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