♥♥ ADARGOMA ♥♥

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ADARGOMA

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La preparación y el adiestramiento de Adargoma, habían sido muy duros.

Noble de cuna, Taneiro,  su padre, pariente de Semidán, habíase propuesto hacer de su hijo uno de los más notables y adiestrados guerreros de los hombres de Agáldar (en la actualdidad Galdar).

Hallábase dotado Adargoma  de una excepcional constitución física que, unida a un frecuente e intenso ejercicio y adiestramiento en todo tipo de actividades deportivas y bélicas, le había proporcionado una fuerza inusitada, no habiendo entre todos los hombes de su término ninguno que pudiera competir con él.

Si a esto añadimos las cualidades morales y personales que le adornaban, como su valor probado, su generosidad, horadez, sencillez e innato sentimiento de justicia, no debe de extrañarnos, que Egonayga Semidán, su Guanarteme, le hubiera mostrado su predilección y personal afecto, siendo entre todos los Guayres el que de mayor confianza disfrutaba del Guanarteme, quien le solía encargar las empresas más arriesgadas y más dificiles en la lucha sin tregua que sostenían contra el invasor.

Este nombre, Adargoma, significaba en el dialecto canarii que se hablaba en la isla de Gran Canaria, “Espaldas de Risco “, o sea,” Espalda de Piedra “, calificativo que le había sido aplicado por su ya dicha extremada fortaleza.

Muchas proezas narran los bardos aborígenes de este singular caudillo canario. Su relato nos llevaría mucho  tiempo en el estilo anecdotario.

Fue Adargoma no sólo un genuino representante de los valores y de las virtudes de la raza canarii (antiguos canarios habitantes de Gran Canaria), sino también una muestra excepcional de aquellas condiciones innatas de astuto estratega, de los más notables hombres de la resistencia canaria.

Como hemos dicho al iniciar este relato, su adiestramiento había sido muy duro y muy intenso. Desde niño había sido adiestrado en el arte deesquivar las piedras y los dardos o varas que le eran lanzados por su padre o por otros familiares. Fue tal su habilidad en este arte que era capaz de esquivar a distancias relativamente cortas las piedras, que de manera continua le eran arrojadas por sus contendientes en los torneos deportivos. Del mismo modo era capzazde esquivar cuantas varas le fueran lanzadas, llegando incluso, tanto en el caso de las piedaras, como en el de las lanzas, a cogerlas en el aire y devolverlas a sus contendientes.

Para fortalecer sus músculos pasaba largas horas todos los días levantando enormes piedras o abrazándose a los troncos de gruesos árboles, con los que simulaba descomunal forcejeo. De igual forma procedía a mejorar su agilidad corriendo y saltando por entre los riscos, por los parajes más abruptos de su tierra natal, Gran Canaria.

Entre las muchas batallas y escaramuzas en que tomó parte, en las que en muchas ocasiones tuvo la oportunidad de desplegar sus cualidades de gran estratega mediante el uso de curiosos ardides, tenemos el caso de ” El ardid de los pescadores “, que algunos historiadores le atribuye  y que se desarrolló como a continuación relatamos. . .

Era frcuente que las naves de los españoles se acercaran a las playas de Gran Canaria, impulsados sus hombres por cualquier circunstancia relacionada con el arte de la guerra, como por ejemplo, desembarcar para apropiarse de frutos o rebaños, para apresar algún nativo que pudieran sorprender, etc.

En la oportunidad de este relato, Adargoma, a la vista de una nave que se acercaba a sus costas, dispuso que un grupo de hombres fingieran mariscar en la orilla simulando hallarse muy ensimismados en su tarea.

Cuando los españoles les avistaron  viendo que al acercarse los hombres no hacían ademanes de huir, juzgaron ventrurosa la ocasión para desembarcar y tomarles prisioneros  y conducirles a Titeroygatra ( en la actualidad isla de Lanzarote).

Acercáronse, pues, los navegantes. Desembarcaron con gran comedimiento y se dispusieron a acercarse a los nativos, dándoles muestras de la mayor amistad.

Los Canarios, bien impuestos de su misión, mostráronse ciertamente recelosos pero nunca hostiles ni francamente asustados.

En esta actitud iban retrocediendo y alejándose, contestando con gritos ambiguos a los requerimientos de los recién llegados.

Viendo estos que el juego se prolongaba un poco e impacientes por apropiarse de aquel botín humano, interpretando por confusión el recelo mostrado por los canarios, pretendieron darles alcance mediante una  ràpida maniobra envolvente. Pero los canarios más ágiles huían cada vez del lazo que se les tendía, pero sin alejarse demasiado y entre estos dames y tomares de tira y afloja, fueron arrastrando a los españoles hacia un paraje escogido, en el cual debidamente camuflados, Adargoma y sus hombres esperaban el momento proipicio para intervenir.

El mometo llegó. Los invasores fueron sorprendidos, maltratados, y se vieron en grandes apuros para ponerse a salvo nuevamente en su nave, no sin perder algunos hombres que fueron heridos y hechos prisioneros.

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Canarias Batalla en Acentejo

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Sobre  la integridad moral de Adargoma dice mucho el siguente episodio que nos narra la tradición histórica.

Ya sabemos que la causa más frecuente de las disputas entre los aborígenes de estas islas eran los pasos, los que representaban los más elevados intereses en relación con el mantenimiento del ganado y por su disfrute o posesión solían enzarzarse los canarios en engorrosos e interminables lítigios.

Estos litigios ya vimos cómo en la mayor parte de las veces se solucionaban mediante la confrontación de representantes o campeones de uno y otro bando en una concertada prueba o justa de habilidad y destreza: Aquel que quedara vencedor daba simultáneamente la victoria y la razón a su pueblo, entando todos los reunidos de acuerdo en que ambas partes respetaban en alto grado estos resultados que, por otra parte, evitaban en muchos casos, imjustificados derramamientos de sangre.

En uno de estos litigios, suscitado entre las gentes de Tílde (Telde) y de Agáldar (Gáldar), fue designdo Adargoma para combatir con el Guayre de Telde llamado Garehagua, hombre menos fornido y poderoso que Adargoma, pero dotado de una mayor agilidad.

Reuniéronse en el lugar convenido y al lucha comenzó. Esta hucha cuyas caracteristicas se han conservado fielmente hasta nuestros días, bajo el nombre de la universalmente conocida como ” Lucha Canaria “, consistía en el forcejeo y la maniobra adecuada entre dos hombres, para intentar uno de ellos conseguir hacer caer a su contrincante, al que tenía que hacer tocar el suelo con sus espaldas.

Trabáronse en lucha. Ante el asombro y la pesadumbre de sus partidarios, Adargoma fue puesto de espalda por su adversario, entre el norme griterio de los concurrentes y la alegria de los partidarios de Garehagua.

Mas, de pronto, algo insólito ocrurrió y ante los asombrados ojos del público que presenciaba la escena, Garehagua,  que se hallaba en posición ventajosa encima de su contrincante, fue quien con ademanes desesperados, golpeó con la palma de su mano derecha varias veces el suelo en señal de admitir su derrota, en vez de hacerlo así, como todos esperaban, el caído Adargoma.

¿ Quéhabía sucedido?  Muy sencillo de comprender. . .

Adargoma al verse caído, antes de hacer la señal habitualmente convenida para darse por vencido, abrazó a su rival, estrechándole fuertemente entre sus potentes brazos. Ya hemos dicho que Garehagua era menos corpulento y fuerte, y oprimido por aquel anillo de hierrro en torno a su pecho se sintió desfallecer. Ante el temor de perder la vida en aquel mortal y postrero abrazo, prefirió otorgar la señal de capitulación.

Levantáronse los contendientes y ante los sorprendidos espectadores, declararon un resultdo en tablas, o dicho de otra manera, cada uno de ellos alegaba haber sido vencido por su contrario y no hubo forma de sacareles de esta posición, que rubricaron con un fraternal abrazo, una amistad y  mutuo respeto que duraría para siempre.

¿ Que cómo se resolvió el itigio ?  Pues de la misma manera: repartiéndose entre las gentes de uno y otro bando los pastos que se disputaban.

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Fue proverbia la fuerza de este guerero. La tradición nos cuenta que una de las formas de las cuales se valía para hacer ostentación de tan notable cualidad física, era invitar a su adversario a que intentara hacerle bajar el brazo o de otra manera apartarle el recipiente con el cual se ponía a beber, o intentar al menos conseguir que derramara el líquido por fuera de la boca. Nos cuentan que nunca pudo nadie conseguir esta hazaña, pues tal era la fuerza de brazo y la fimeza de su propòsito.

Pero todo héroe tíene su ocaso. La estrella de Adargoma perdió su brillo rutilante y maravilloso, el día de la batalla de Guiniguada, que en otra oportunidad relatamos que fue dirigida por Doramas.

Herido en un muslo, fue abatido por las huestes del Estandarte Real Alonso de Jaimes, cuñado de Juan Rejón, y hecho prisionero fue conducido a España.

Cuentan que en Sevilla, recuperado ya de sus heridas y siendo como solían ser bien tratados aquellos canarios notables que eran conducidos a la corte española, le fue presentado un apuesto y arrogante mozo extremeño que deseaba medir su fuerza y su habilidad con él, desafiándole para ello a un combate sin cuartel en las condiciones que se concertaran.

Aquí surge de nuevo la nobleza del Guayre Canario Adargoma.

Sabiéndose superior a su contrario, quiso demostrarle sin alardes su superioridad y evitarle la derrota que podía implicar hasta la muerte. Para ello con suaves y persuasivas razones convenció al extremeño para que le sometiera a la ya conocida prueba de apartarle el brazo cuando él, Adargoma, intentara beber.

Parecióle al aguerrido mozo que la prueba había de serle por completo favorable y aceptó con regocijo que fuera llevada a cabo. Pero cuál no sería su sorpresa cuando se encontró con que no era tan fácil vencer la obstinada resitencia de aquel forzudo brazo. Forcejeó el mozo desesperadamente y en un último intento usó de los dos brazos par hacer desistir al canario de su gesto. Pero todo fu inútil. Materialmente colgado de aquel brazo invencible, fue paseado por el canario Adargoma ante los admirados concurrentes que presenciaban a la escena y no daban crédito a lo que sus ojos veían.

Posterioremente fue trasladado  a la corte. Allí fue igualmente intérprete de multitud de pruebas de su fuerza sorprendente, y era muy querido por todos, por su sencillez de trato y por  su nobleza. Fue bauatizado, agasajado y posterioromente enviado con otros compatriotas y con algunos capitanes del rey, de nuevo a su tierra en la que desempeñó, como más tarde lo hiciera su mismo Guanarteme Egonayga, la difícil tarea de pacificador.

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Leyendas de las Islas Canarias

J. M. G. y Garcia de la Torre

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