♥ MUJERES ELEMENTALES ♥

mujer-inquietante

Una “Mujer Elemental” es aquella que posee dentro de sí, toda la fuerza de la materia original de la creación.

Existen las mujeres elementales puras que son:  Mujeres de agua  –  Mujeres de aire  – Mujeres de fuego  –  Mujeres de tierra   –   Mujeres duales , (quienes poseen  la característica de dos elementos a la vez).

Las mujeres elementales puras son sumamente raras de encontrar, pues se da una en cada diez mil aproximadamente.

Más abundantes, pero igual de maravillosas son las mujeres que tienen 2 elementos, ya sea en equilibrio o con uno dominante.

La historia (del arte, por supuesto) a demostrado que las mujeres elementales son las más interesantes y que pueden ser a ratos, o todo el tiempo, lo mejor y lo peor en la vida de un hombre.

Todo lo que aquí se escribe es aplicable en la gran mayoría de los casos a ambos sexos.

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¿ QUE TIPO DE MUJER ERES ?

¿Serás la mujer de agua, y te estaras yendo atormentada entre mareas?.

¿O serás la intangible mujer de aire, de amor profundo a golpes de viento y furia?.

Quizás seas la voluble e ilógica mujer de fuego, de piel canela y ardiente corazón,

o la inaccesible mujer tierra apostadora del todo o nada.

¿Quién dirías que eres…?

COMENCEMOS PUES, CON LA PRIMERA . . .

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MUJERES  DE  AGUA

Soy la primera sensación, compañía y soledad primaria, flotando entre útero y futuro.
Condenada a la maldición de ser sustancia inasible que se fuga entre los dedos.
De voz mansa si me estanco, me convierto en espejo de luna inmóvil, ceguera de Narciso.

Alma en pena tocada solamente por la frialdad de la piedra.
Caudal inmenso, soy líquido manantial: soledad de hielo, vapor y quimeras.
No tengo esquinas ni sombra, soy lágrima de todos los llantos. Sangre del planeta: dulce, salada o mineral.
Cuando me siento sola miro el cielo; él me enseña de distancias e imposibles, a ser lluvia de su tormenta de verano o agua-nieve erosionando pulpa de montaña.
Soy la espuma insolente que borra tus huellas en la playa; la tierna humedad de ese beso destinado a ser nuestro..

Simplemente es imposible no amarlas, porque es el agua (el evangelio según San Yo) el estado primigenio de lo femenino. La prueba de esto es que todas las mujeres son de agua cuando nacen y tienden a serlo, aunque no lo sean, cuando están por ser madres.

Son ellas a las que les es dado amar y odiar para toda la vida. Su voz de rumor de remanso siempre debe ser atendida, aún cuando no se pueda escuchar. Son tan sutiles que no andan, se van lloviendo suavemente sobre la tierra y son las únicas que pueden devolver inmediatamente la tranquilidad (pero no el ánimo) a cualquier hombre.

De hecho, se puede decir que son medicinales (aunque esto no les sirva para curarse a sí mismas). Llevan dentro la paz de la tormenta, la esencia del paraíso. Tienen la llave de los secretos del alma. Por lo general, son alegres y diurnas, pero para conquistarlas hay que estar atento a la marea.

La mujer de agua es muy dueña de sus sentimientos a pasar de ser la más sensible, es, por lo tanto, la que puede amar mejor (no más, mejor). No hay nada peor en el planeta que su tristeza, créanme, por eso nunca permitiría que eso pasara en mi presencia y, mucho menos, por mi causa. El único inconveniente que tienen es que, nunca se van del todo, de rastros de ella está formado el dulce sieno de la nostalgia en el fondo del corazón.

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MUJERES  DE  AIRE

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Soy aire que fluye, se mueve, delicado, etéreo y –sin contratiempos– transparente.

Pero soy, también, capaz de transformarme en Tifón y abrasar todo aquello que se oponga a mi calma.
Puedo crear huracanes y toda clase de tempestades con un sólo batir de alas.
Aire inmensurable, incontenible y, por momentos, invisible. En otros, imprescindible.
No sabés que estoy ahí hasta que me necesitas; soy tu alivio cuando las presiones te asfixian.
Vital e inestable, inconsistente y omnipotente. Soy aire que inspira y aire que expira. 

Soy aire sin frontera, trashumante, forastera en su tierra. Voy por muchos sitios y soy de ningún lugar.
Aire volátil, aire sin norma, no acepto las formas. Me adapto con facilidad si me encuentro contenida.
Ante el mínimo descuido me fugo por puertas o ventanas, por el menor intersticio o cualquiera de tus grietas.

No hay nada más peligroso en esta vida (ni después de ella) que una mujer de aire, pues ellas llegan siempre de manera imperceptible, antes de que tus ojos las alcancen por primera vez ya llevan largo rato dentro del corazón. Nunca se recuerda en que momento se empezó a respirar de su esencia, que es completamente adictiva. No se compadezca así mismo como víctima si este es su caso, ellas tampoco se dan cuenta, no es intencional, ellas sólo son así.

Valga la redundancia, las mujeres de aire son etéreas e intangibles. Habitan más tiempo sus mundos interiores que la realidad real y son, todo el tiempo (aunque a veces no lo sepan o acepten) sólo propiedad de ellas mismas (en casos extremos, los seres de aire pueden llegar a ser tan libres que no se pertenezcan ni a sí mismos).

Saben hablar más para ellas que para los demás y siempre están un paso más allá del horizonte. Ni diurnas ni nocturnas, omnipresentes. Sus silencios son el más excitante desdén que un hombre pueda sufrir y son simplemente casi imposibles de conmover. Sienten todo de manera distinta e incomprensible y son absolutamente egoístas en el sentido menos material de la palabra.

Pero cuando aman, dios, cuando aman lo hacen tan profundamente que todos los libros de poesía resultan inútiles y las palabras son insuficientes, el mundo entero con todo y sus etcéteras no sirve para contenerlas y lo más prudente es decir…

Se necesita mucho para hacerlas enojar, y es que no pueden odiar (ni amar) con todo el corazón, pero aún así de tener ellas motivo de odio, debe temerse, pues un solo golpe de viento de furia es capaz de destruir el ánimo y el alma de quien lo vea, congelando sus sentidos hasta que por lo menos hayan pasado 9 primaveras.

Las mujeres de aire son las más difíciles de amar, quien sepa hacerlo y ser correspondido no necesitará otra cosa el resto de su vida, sin embargo, ellas muy rara vez se quedan, y nos dejan solos, ahogados, sin voz ni fe. “Las mujeres de aire, cuando se van, dejan un intenso frío en el alma”.

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MUJERES  DE  FUEGO


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Danzan primitivas mis rojas lenguas ardientes. Lamen, abrasan, se enroscan.

Soy fuego apasionado, arrollador e incontenible. De chispa a llamarada en un soplo.
Brillo intensamente como hoguera o me escondo tímida en el interior de unas ascuas.
Envuelvo a los amantes y sus cuerpos, mas quemo luego sus cartas para exorcizar el recuerdo.
Me oculto en unas manos, unas pieles, en la flama ígnea de algunos ojos.
Escribo con sombras, con humo y hollín; te dejo mis marcas, mis llagas. 
Mi vocación es encenderte e iluminar; quemarte y marcar; darte calor y abrigo.
Me hago escombro o poema. Transformo. Destruyo. Incluso a veces me apago.
Y si ardo rápido, intenso y efímero, no temas;
porque guardo en mí para siempre el polvo y las cenizas de cada infierno que arrasé.

 Mujer de fuego, esta frase está muy relacionada con las mujeres de piel canela. Aunque al principio me negaba a aceptar esta afirmación, la experiencia me ha forzado a darle cierta validez.

No es que amen más, sólo de distinto modo. Son las mujeres más intensas (maravilloso), pero también las más volubles (terrible). Se dice que estas mujeres son fieras, lo cual es falso, porque pueden ser las criaturas más sinceramente dulces de la tierra.

Su problema (y virtud) es que sólo pueden sentir con todo el corazón y tienen que sacar lo que sienten en el mismo momento en que lo sienten. La mayor parte de sus vidas están confundidas por no atender su corazón como es debido, por ello este es tan fácil de romper.

En general se puede decir que son mejores musas que poetas, aunque su pasión las haría buenas artistas, su visión del mundo suele ser muy práctica y material. El movimiento entre las líneas de su pasión y su visión las hace altamente interesantes, pues son, de entre las mujeres prácticas, las más ilógicas.

Son fuertes, pero luchan más contra sí mismas que contra el mundo. Sólo si encuentran un poco de paz alcanzan todo su potencial.

“Las mujeres de fuego, cuando se van, dejan ardientes heridas por dentro del pecho”.

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MUJERES  DE  TIERRA

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Soy cada una de las partículas que conforman el todo.

Me armo con piezas delicadas transformándome en una estructura sólida para que afirmes tus raíces, para que confíes en mí y crezcas.

Te acompaño incondicionalmente en tu proceso de crecimiento.

Sé que va a llegar el día en que nos separemos, por eso disfruto cada instante de nuestra comunión.

Cada pozo de ausencia lo lleno con las mejores flores de tu recuerdo.

Lloro tierra adentro, atravieso cada una de mis cortezas para renovarme.
Otras veces, oculto mis lágrimas entre la lluvia y no adviertes mi pena.

Soy cada una de las partículas que conforman el todo;

juego a desarmarme para viajar por el aire, y acercarme en una brisa cuando te extraño.

He de comenzar diciendo que, aunque sean las mujeres más fáciles de explicar, son las más difíciles de conocer.

Se encuentran inamoviblemente enraizadas en sus misteriosos rituales privados, habitan una realidad propia con sus fronteras perfectamente establecidas. Si alguien a de aventurarse a entrar en sus terrenos, deberá tener la misma disposición de ánimo que tienen los héroes ante lo imposible.

Son firmes e inaccesibles como montañas. Son absolutas soberanas de su destino. Esto no quiere decir que ellas sean objetivas, de hecho, puede ser que su país particular sea la más alucinante de las realidades. De cualquier manera, quien quiera conquistarlas, deberá ser absolutamente franco, poner su corazón sobre la mesa y demostrar todas las razones por las cuales merece ser su ciudadano.

Para los seres de tierra, lo que no les interesa, no existe. En cambio, lo que ellos deciden que sea parte integral de su vida, tienden a convertirlo en una obsesión patológica.

Con ellas todo es al todo o nada. Tenerlas es supremo, dejarlas es un adiós contundente, un golpe de muerte que no deja tiempo para el dolor.

“Irse de su lado es como despertar de un perfecto sueño distante”.

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MUJERES  DUALES


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Después de haber descrito a las elementales puras, no debe ser difícil imaginarse como son las duales. . .

  Dualidad Equilibrada:

Estas mujeres tienen características de dos elementos, pero no todos. Al ser equilibradas no hay contradicciones entre sus naturalezas, por ello no se dan todas las combinaciones en esta categoría, ejemplo: tierra-fuego,  fuego-aire no se dan por incompatibilidad. Las combinaciones ideales son aire-agua y agua-fuego.

  Dualidad Dominante:

Un elemento sobre el otro en diferente tiempo o de forma permanente. Las combinaciones problemáticas son en esta categoría: aire-agua, tierra-fuego, y tierra-aire. Las combinaciones fuego-aire y agua-fuego alcanzan un potencial increíble para jugar dentro de esta categoría.

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– Héctor Viveros –

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