♥ A R C Á N G E L E S ♥

EN EL MUNDO DE LOS ÁNGELES  EXISTEN VARIAS JERARQUÍNAS COMPLEJAS

PERO HAY CUATRO ÁNGELES A LOS QUE SE LES CONSIDERA LOS PRINCIPÁLES

LA PALABRA “ARCÁNGEL”:  Arc significa “que gobierna, que dirige, que comanda, que lidera” y  Angel significa “mensajero”.

A partir de estas raíces, el significado dado es de “Ángel Jefe” o “Ángel Principal” . Cabe destacar que el prefijo “Arc” indica supremacía, uno de los primeros en su clase o liderazgo ante determinado grupo, por tanto podría traducirse el término como “Capitán de los Ángeles” o “Uno de los primeros ángeles“. 

Muchos consideran que como Miguel es arcángel y este es uno de varios similares a él, con el mismo título de Príncipe, el término “arcángeles” es intercambiable con “Príncipes Jefes”. En base a estas referencias el término arcángel se usaría para referirse a Miguel, Rafael, o incluso al dragón (Satanás) como Jefe de Ángeles , cada uno defendiendo el bien o mal según el caso.

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Los Arcángeles  son una categoría de ángeles que constituyen uno de los nueve coros de la jerarquía angelicál. Los arcángeles son los penúltimos, antes de los propios ángeles (tal y como lo indica el prefijo arc, que significa superior).

Los tres nombres aceptados por la Iglesia Católica son:  GABRIÉL ,  MIGUÉL ,  RAFAÉL.

Dado que Miguel era uno de varios con el mismo título de Príncipes Jefes, y el libro deuterocanónico de Tobías se refiere a siete santos ángeles, la Iglesia Católica entiende que el término arcángel lo comparten siete :

Esos siete ángeles con dominio o “arcángeles” quedan entonces simbolizados con lámparas, delante del trono de Dios, y son utilizados como “la penetrante visión” del Creador. Pero en ningún caso se menciona que posean alas.

En la Sagrada Escritura es posible encontrar alas cuando se describe a los querubines (con cuatro alas los ve Ezequiel ). También cuando se describe a los serafines (con seis alas los ve Isaías). Pero no se las puede encontrar cuando se describe a los ángeles. Contrariamente a lo que normalmente aparece en la iconografía,los ángeles no poseen alas dado que al ser seres espirituales, no necesitan de un cuerpo ni de sus apéndices, (brazos, piernas, etc)

Los ángeles se describen en función de su indumentaria: con vestiduras de lino, ropas blancas o ropas resplandecientes.

Según la gran mayoría de traducciones a Rafael no se le llama santo arcángel, sino uno de los siete santos ángeles , además se hace referencia a siete espíritus con acceso a la gloria de Dios, de forma recurrente en el libro de Revelación. Aunque esto no es impedimento para ser jefe de los ángeles, ya que Satanás siendo ángel caído es jefe de ángeles, podemos concluir que decir que es un arcángel dependería de la traducción a la que se haga referencia o al papel que ejerza ese ángel.

En Revelación 1:4 se hace referencia a los “siete espíritus” de Dios que están delante de su trono, y después se dan siete mensajes, resaltando para algunos el papel de estos espíritus como mensajeros (ángel significa mensajero de Dios), cada uno de los cuales concluye con la exhortación de “ << oír >> lo que el espíritu dice a las congregaciones”.

Estos mensajes contienen declaraciones de juicio que invitan a un examen de conciencia y promesas de recompensa por la fidelidad. Se dice que el Hijo de Dios tiene estos “siete espíritus de Dios” , estos siete espíritus son interpretados por algunas denominaciones cristianas como Ángeles al llevar mensajes de Dios y por otras como una expresión de la divinidad de Cristo al tener la completa capacidad activa de observar, discernir o detectar ,inspeccionar toda la Tierra que posee el glorificado Jesucristo ,el Cordero de Dios

 

LOS CUATRO ARCÁNGELES  PRINCIPALES . . .


ARCÁNGEL GABRIEL

Yibril o Yibra’il  Es el jefe de todos los ángeles y es también el mensajero de Dios para todos los profetas. Es el instrumento de la revelación no solo del Corán sino también de los  Evaangelios, los  Salmos  y la  Torá a sus destinatarios respectivos.

Su nombre significa “Fuerza de Dios”, es uno de los tres arcángeles principales dentro de las religiones judía, cristiana e islámica. Las Iglesias  católica, ortodoxa y algunas protestantes, junto con el islam, lo consideran  arcángel por ser junto con Miguél y Fafaél, los únicos ángeles con nombre, mensajeros de Dios encargados de llevar misiones de importancia.

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<< GABRIÉL MENSAJERO CELESTIAL >>

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En primer lugar, Gabriel se aparece a Daniel para aclararle el sentido de una extraña visión que tuvo el profeta, en el año tercero del reinado de Baltasar. Era la visión del carnero y el macho cabrío, que se combatían ferozmente junto al río. Daniel, israelita en el destierro, fue el profeta de las grandes visiones históricas, proyectadas hacia la venida del Mesías. Dios le inspiraba las visiones y, casi siempre, también le sugería su interpretación. En esta ocasión Dios manda a Gabriel que explique la visión a Daniel. Daniel cae de bruces ante la presencia del Ángel, pero éste le levanta tocándole. Toda la Majestad de Dios ha sido comunicada a la presencia de su mensajero. Y manifiesta la visión, refiriéndola a los reinos que se sucederán en los siglos futuros.

Más tarde, en el reinado de Darío, vuelve Gabriel, «volando raudo» a la vera del profeta Daniel, para atender a su instante oración en favor del pueblo de Israel, oprobio de las gentes. Pronuncia la famosa profecía de las setenta semanas de años que transcurrirán hasta la llegada del Mesías. Ahí está Gabriel, en la más alta miranda del Antiguo Testamento, señalando ya el tiempo determinado por Dios para establecer su Alianza definitiva con la humanidad.

Salta Gabriel, con agilidad de arcángel, el puente del tiempo, y, al cumplirse el plazo anunciado por él mismo, de parte de Dios, vuelve a la tierra, a Israel. Aún no es el momento último, es el último preparativo. Viene a edificar el umbral del Nuevo Testamento, a anunciar a Zacarías, sacerdote del Altísimo, que el hijo de su ancianidad será el precursor del Salvador mismo, preparándole un pueblo debidamente dispuesto. Zacarías duda, y entonces Gabriel revela su personalidad y su misión: «Yo soy Gabriel, que asisto a la presencia de Dios, y he sido enviado a hablarte y darte estas buenas nuevas». Es uno de los siete ángeles que asisten a la presencia de Dios, como Rafael, dispuestos a llevar los más altos mensajes del Señor. Son los más sublimes arcángeles. Y así como Daniel cayó de bruces ante la presencia de Gabriel, aunque el mismo arcángel le levantó, Zacarías, que de la turbación no pasó a la fe sino que dudó de la profecía milagrosa, quedó enmudecido «hasta el día en que se cumplirán estas cosas».

Pero entre la profecía y el nacimiento de Juan tiene lugar el gran Anuncio, la suprema embajada que jamás criatura alguna ha recibido. Y la lleva el Arcángel Gabriel. Su palabra angélica lanzará el puente; la palabra humana de María, la esclava fiel, le pondrá orilla de destino; y la unión se consumará encarnándose la Palabra, el Verbo de Dios, la segunda Persona de la Santísima Trinidad.

San Lucas nos transmite la sobrenatural sencillez del diálogo, cuya oculta riqueza ha sido plasmada en colores a partir ya de los frescos catacumbales. Gabriel lleva la iniciativa, el mensaje de la Buena Nueva. María, ante tanta sobreabundancia de dones divinos, silenciosa, reflexiona, medita. El arcángel proyecta más luz aún sobre la arcana elección y desgrana los anuncios proféticos, dándoles tono de cumplimiento. María concebirá al Deseado de las naciones, al Mesías. Ante la serena pregunta de la Virgen, puesta de repente frente al futuro de su maternidad, Gabriel lleva a la cumbre su revelación y anuncia el descenso del Espíritu Santo, del poder del Altísimo, que reposará sobre María, verdadera Arca de la Alianza, tabernáculo corpóreo de la Divinidad. Y añade una señal confirmativa: Isabel, la anciana, ha concebido un hijo.

Ante María, el panorama, inescrutable en toda su grandeza, profundidad y responsabilidad, de la maternidad divina-mesiánica. Por Gabriel ha hablado el mismo Dios, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios que sacó a Israel de Egipto, el Dios que va a venir a salvar a su Pueblo, a congregar a sus hijos de todos los confines de la tierra. Todo el mundo, gimiendo quizá inconsciente por la liberación, está expectante. Y María acepta: «Hágase en mí según tu Palabra». En ella toda la tierra ha aceptado el don del cielo, se ha consumado el matrimonio espiritual entre el Hijo de Dios y la naturaleza humana.

El arcángel había promovido la Fe, su misión quedaba sobradamente cumplida. Y se retira al tiempo que, en la preciosa simultaneidad recogida por el Ángelus popular, el Verbo de Dios plantaba su tienda entre los hombres, se encarnaba en las puras entrañas de la Doncella. Gabriel ya no aparece más en las Sagradas Letras con su nombre. Probablemente su voz descolló entre los coros angélicos que cantaron el nacimiento de Jesús en Belén y lo anunciaron a los pastores. Su misión había llegado ya a la cima en la Anunciación de Nazaret, ya se había ganado con todo mérito el título de Ángel de la Encarnación.

ANGEOLOGÍA Y OCULTISMO

Gabriel es a veces asociado al color Azul, a la dirección Oeste, o al elemento Agua; su caballo se llama Haizum. Gabriel es definido de muchas formas, entre ellas como el ángel de la anunciación, resurrección, misericordia, venganza, muerte y revelación. Además, el arcángel ha sido identificado por distintas fuentes como uno de “los Siete Arcángeles que se encuentran en la presencia de Dios”; también es, virtuoso, poderoso, arcángel y se le atribuyen órdenes celestiales. El gobernador de la Luna y del Lunes también es un título que se le atribuye a Gabriel; también se le considera el gobernante del Shamayim, el Primer Cielo.

En la tradición del Qabalah Hermética, Gabriel es uno de los cuatro arcángeles invocados durante el Menor, Mayor y los rituales del Supremo Pentagrama. Él aparece en la dirección del punto cardinal Oeste y es el Ángel cuya materia es el Agua. En el zodiaco está asociado con Cáncer.

 

ARCÁNGEL MIGUÉL

Mika’il  su nombre significa ¿Quién como Dios? es el encargado de la lluvia y del trueno. El Jefe de los Ejércitos de Dios en las religiones  judía, islámica y cristiana (Iglesias Católica, Ortodoxa, Copta y Anglicana). 

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<<  JEFE DEL EJERCITO CELESTIAL >>

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Príncipe de los ángeles fieles al Señor. En la Sagrada Escritura, aparece en el Libro de Daniel, en la Epístola del Apóstol Judas y en el Apocalipsis. Como a Gabriel y Rafael, se le llama «arcángel» en un sentido puramente genérico (más que simple ángel), pero son, los tres, altísimos serafines. —Fiesta: 29 de septiembre.

Aunque la mentalidad moderna se rebele a ello, es cierto que Dios, al componer el poema de la Historia humana, concede lugar de preferencia a los espíritus angélicos. Miguel es entre ellos un astro de primera magnitud, figura principal entre los que sirven inmediatamente al trono del Señor y bajan a la tierra para anunciar o hacer cumplir sus designios. Protector del pueblo de Dios, de Israel, en la antigua Ley; de la Iglesia de Cristo en el Nuevo Testamento. En la Sagrada Escritura ha hallado su fundamento la piedad popular de todos los tiempos para erigir a San Miguel en Príncipe de los ejércitos celestiales, guerrero victorioso en las luchas cósmicas contra el espíritu rebelde, el dragón de las tinieblas.

Daniel, el profeta de las revelaciones angélicas, nos da a conocer el nombre de nuestro arcángel. Miguel, llamado gran jefe de los israelitas, lucha por la liberación del pueblo de Dios, desterrado y sometido al dominio persa. Allí mismo se habla de los príncipes de Persia y de Grecia, refiriéndose, según el común sentir, a los ángeles guardianes de estas naciones.

San Judas Apóstol, en su Carta Católica, cita el ejemplo del «Arcángel Miguel, disputando al demonio el cuerpo de Moisés». De nuevo, pues, aparece nuestro santo ángel como defensor del pueblo de Israel, al que Satanás querría desviar de su fe en el Señor.

El Apocalipsis, Carta Magna de la nueva Jerusalén, que es la Iglesia, nos presenta a San Miguel en su misión definitiva, culminante. Ante la aparición de la Mujer, símbolo de María y de la Iglesia, con su Hijo, en el cielo se traba una batalla.

Miguel y el Dragón frente a frente, el Arcángel fiel contra el soberbio Ángel de la luz. Cada uno manda un ejército de ángeles. Vence Miguel y el Dragón es sepultado en los infiernos.

De esta visión del profeta de Patmos se derivan las imágenes medievales del guerrero de alas brillantes con labrada armadura, al que no le falta la lanza que destruye al dragón, vencido a sus pies.

Toda la vida de la Iglesia militante fluye bajo el signo de la batalla, incorporada a la lucha entre Jesucristo y el demonio, entre el Redentor y el pecado.

En nuestra propia carne experimentamos la escisión. Nuestra gran fuerza es la gracia de Jesucristo, pero los ángeles son servidores de Cristo en la lucha de la Iglesia, y a su frente Miguel, el vencedor por excelencia.

La Iglesia misma le reconoce el título de defensor de sus huestes, le llama «ángel del Paraíso», «príncipe de las milicias espirituales», y en las letanías de los santos le asigna el primer lugar detrás de la Santísima Virgen. Su protección no nos abandona hasta después de la muerte.

En el momento solemne de ofrecer el sacrificio por sus difuntos, la Iglesia le invoca para que presente las almas a la luz santa del Juicio divino.

La devoción popular, que ha influido notablemente en estos textos litúrgicos y que, por otra parte, tiene ya precedentes en tradiciones judaicas, le considera como «pesador de las almas», y así le vemos en curiosas miniaturas de la Edad Media, con la balanza de la justicia divina en las manos, felizmente inclinado un platillo hacia la gloria del cielo.

Acontecimientos prodigiosos, ocurridos en Oriente y Occidente, contribuyeron a formar este hálito universal en torno a la figura del Arcángel. Es tradición oriental que, ya en los primeros decenios del cristianismo, salvó de la destrucción un templo dedicado a su honor en Colosae y que por su intervención milagrosa brotaron allí mismo aguas medicinales, por lo cual le honraban como médico celestial.

En Constantinopla tenía un templo dedicado a. su nombre y era también muy famoso el Mikaelion de Sostenión, cerca de la capital bizantina, donde, según tradición, Miguel había curado milagrosamente al emperador Constantino.

En Occidente también se apareció el Arcángel repetidas veces; sus apariciones más famosas son las del Monte Gárgano en Italia, alrededor del año 500, y la del monte Adriano, donde el año 611 el Papa Adriano IV le construye un oratorio, sobre el que sería más tarde Castillo de Sant’Ángelo.

En España alcanzó renombre su aparición en la serranía navarra de Aralar para ayudar al noble caballero don Teodosio de Goñi en lucha contra el dragón infernal.

El Mont Saint-Michel, en Normandía, con una abadía gótica dedicada a su honor, también testificó su ayuda para con los navegantes.

Hoy día ya no se dan tales apariciones aparatosas, pero el Arcángel se mantiene fiel a su misión de custodio de la Iglesia, como lo proclama la oración a él dirigida al fin de la Misa, preceptuada por León XIII.

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ARCÁNGEL   RAFAÉL

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Israfil ’  . Su nombes significa Dios Sana ó Medicina de Dios es el encargado de dar la señal de la llegada del  Día del Juicio con la «trompeta de la verdad», y de sembrar las almas en sus cuerpos antes de nacer.

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<< PROTECTOR DE LOS VIAJEROS, DE LA SALUD  Y  EL NOVIAZGO  >>

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El Arcángel San Rafael, uno de los espíritus celestiales que, gozando de la beatífica y eternal presencia de Dios, se nos han manifestado nominalmente, fue enviado por divina dignación para destacar dos hechos importantes de tal protección: la curación de Sara de la opresión del demonio y la curación de la ceguera de Tobías, juntamente con la protección viandante al joven Tobías. 

Es San Rafael uno de les tres santos mílites de la corte celestial que nominalmente venera la Madre Iglesia y destaca como dignos de veneración particular. Su historia está referida en el Libro de Tobías del Antiguo Testamento. Se cuenta en dicho Libro que el santo Patriarca Tobías de la Ley mosaica destacaba por su virtud y temor de Dios, practicando todas las obras de misericordia y caridad. Permitió el Señor, no obstante, que sufriera tribulaciones y trabajos: fue cautivo en Nínive de Salmanasar, perdió sus bienes y hacienda y hasta fue condenado a muerte por el rey Senaquerib, librándose de ella mediante la fuga. Al regreso a su casa, dedicóse nuevamente a obras de misericordia.

Fatigado un día del trabajo de enterrar a los muertos, israelitas como él y víctimas de las iras del rey, quiso descansar junto a una pared, cayéndole entonces en los ojos, mientras dormía, inmundicias de un nido de golondrinas y quedando por ello ciego. Sobrellevó con admirable paciencia y resignación esta prueba del Señor, soportando hasta agravios y ofensas de su mujer y amigos, que se burlaban y hacían mofa del poco provecho que sus penitencias y virtudes le habían traído. “Todo ello le causaba profunda pena, por lo que rogaba fervientemente al Señor auxilio y consuelo. Al mismo tiempo que Tobías insistía en tales fervientes súplicas, una doncella llamada Sara, hija de Raguel, vecina de Rages, ciudad de los medos, rogaba también a Dios la librara de la desgracia que la afligía, con la muerte de sus varios esposos, apenas contraía matrimonio. Oyó el Señor las oraciones de Tobías y de Sara y envió a su Arcángel Rafael para aliviarlos.

Creyendo el anciano Tobías próxima su muerte, llama a su hijo para bendecirle, darle sus últimos consejos, que detalla prolijamente el Libro santo, y enviarle a cobrar a Gabelo, un pariente suyo, residente en Rages, una deuda de diez talentos, que otrora le prestara; a cuyo efecto vaya luego en busca de acompañante que le guíe y dirija a Rages.

Obedece el joven Tobías y, al salir de casa, encuéntrase con un apuesto joven que se le ofrece para tal viaje. Preparado todo lo conveniente, emprenden luego ambos el camino. Tras la primera jornada de viaje, aposentáronse a descansar en las orillas del Tigris, circunstancia que aprovecha Tobías para lavarse los pies.

De repente un pez monstruoso sale del río y ataca a Tobías; a las voces del joven, acude el Arcángel Rafael, que no otro era el acompañante de Tobías, y le ordena que, abrazándose al pez, lo saque del agua; y así, muerto el mismo, le dice que abra sus entrañas y le saque el corazón, la hiel y el hígado, para servirse de ellos en su tiempo; preparando el resto para alimentarse durante el camino cuando de ello tengan necesidad.

Pasando por casa de Raguel y prendado Tobías de la joven Sara, le dice el Arcángel la pida por esposa, pues no le ocurrirá como a los demás maridos habidos por ella, ya que su corazón era puro y no cautivo de la lujuria. Raguel aceptó a Tobías con grande gozo y le dio su hija única, enterado por Rafael de que sería ahuyentado el demonio, causante de los anteriores males, al cumplir el joven Tobías las instrucciones que él le diera.

Entonces saca el muchacho un pedazo del corazón del pez y lo pone sobre unas brasas encendidas en su aposento; mientras, el demonio culpable, atado por el arcángel, era conducido por el mismo a un desierto del alto Egipto, para que no perturbase más la paz de Sara, que persuadida por Tobías, y siguiendo las instrucciones de Rafael, se pasa la noche en oración para vencer así al enemigo.

Ana, esposa de Raguel, temerosa de que ocurriera como las veces anteriores, envió una de sus criadas al aposento de Sara, regresando ella con la feliz nueva de que los esposos dormían plácidamente. Celebrado al día siguiente un gran banquete de bodas, Raguel hace a Tobías cesión de la mitad de su hacienda, como dote de su hija, transmitiéndole el dominio de la otra mitad para después de su muerte.

Permanece Tobías en casa de Raguel por espacio de dos semanas, mientras Rafael realiza el encargo del anciano Patriarca, tan satisfactoriamente, que hace que el mismo Gabelo vaya a casa de Raguel a pagar a Tobías la deuda y participar en el general regocijo.

Sin embargo, en casa del Patriarca, la tristeza era grande; Ana, madre de Tobías, lloraba su tardanza; y aunque el anciano la consolaba con buenas razones, ella ascendía todos los días a una cumbre para divisar el regreso de su hijo, llorando inconsolable. Al fin, Tobías y su esposa Sara, aconsejados por Rafael, emprenden el camino de regreso al hogar de aquél, con grande acompañamiento de criados y después de haber recibido la mitad de la hacienda ofrecida, en dinero, alhajas y ganados. Avanzado el camino, Rafael insta a Tobías para que se adelante con él, anticipando el regreso, diciéndole: «Lleva contigo algún tanto de la hiel del pez, porque será necesario dentro de poco».

La madre, que observaba desde lo alto, al divisarlos, llena de alegría, avisa de ello a su esposo y entonces el perro, compañero fiel del joven Tobías que se ha acercado hasta ellos, confirma en el más grande gozo y alegría el corazón de los ancianos padres, ante la inminente llegada del hijo ausente, que les abraza seguidamente, con lágrimas de gozo y satisfacción.

Dadas gracias a Dios y ofrecidos al Señor sacrificios de adoración, toma el joven Tobías de la hiel del pez, según su acompañante Rafael le previniera, y unta a su padre en los ojos, recobrando éste entonces la vista, tan sana y perfecta desde aquel momento, como si nunca hubiera padecido ceguera.

Bendijo nuevamente al Señor el anciano y todos los suyos con gran alegría, que subió al límite cuando a los siete días entraba Sara con sus criados y riquezas. Hubo grandes fiestas y convites; y conociendo el anciano Tobías que todos aquellos bienes procedían de la mediación y bondad del guía, cuya personalidad ignoraban, dijo a su hijo: «¿Cómo podremos agradecer, hijo mío, los bienes que nos ha prodigado este joven que ha sido tu guía?».

«Padre, yo no sé, respondió el hijo, qué recompensa sea digna de él; que me llevó y trajo sano y salvo; cobró la deuda de Gabelo; hizo que Sara fuese mi esposa, ahuyentando el demonio que la atormentaba y llenando de gozo la casa de sus padres; me libertó del pez y curó a vos, padre, la ceguera, para que vierais nuevamente la luz del Cielo. Suplicadle, padre mío, se digne recibir siquiera la mitad de todo cuanto hemos traído».

Creyólo muy prudente el santo varón; y llamando a Rafael, le rogaron con encarecimiento se dignase aceptar la mitad de los bienes recibidos.

Entonces San Rafael, desvelando su secreto, les habló así «Bendecid a Dios del cielo y dadle gracias ante todo, porque ha usado con vosotros de su misericordia. Yo soy el Arcángel Rafael, uno de los siete que estamos delante del Señor».

Al oír esto, los dos Tobías se turbaron y, llenos de temor, cayeron en tierra.

San Rafael les dice entonces dulcemente: «No temáis, porque cuando yo estaba con vosotros, estaba por voluntad de Dios. Bendecidle y cantad sus alabanzas. Ya es tiempo de que vuelva al que me envió. Vosotros bendecid siempre al Señor y contad sus maravillas».

Dicho esto desapareció y no volvieron a verle.

ARCÁNGEL  AZRAÉL

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Azra’il  es el ángel de la muerte, encargado de que el alma humana abandone el cuerpo. La separación de alma y cuerpo puede hacerse de un modo más dulce o más violento dependiendo del comportamiento que haya tenido la persona en vida.

Se le describe como un  arcángel bajo las órdenes de Dios y no como otras personificaciones más lúgubres de la muerte. Dependiendo del punto de vista de las diferentes religiones en las que aparece Azrael, éste reside en diferentes lugares, pero el más habitual es el tercer cielo.

Él dice que no debemos temer a la muerte ya que en ella está la paz eterna. Azrael tiene como misión rescatar las almas que fueron mandadas al infierno. Él ha renunciado al cielo y tiene un coro (ejército de ángeles) a su cargo. Se dice que él es uno de los encargados de la proteccion del último círculo del infierno, impidiendo la salida de los demonios y custodiando la puerta para que no puedan salir.

Se cree que Azrael le trajo un manojo de tierra a Dios para crear a Adán y por consiguiente ganó su título como el Ángel de Muerte. Azrael guarda un rollo de humanidad en el que los nombres de los condenados son circulados en negro y los nombres de los benditos, en luz. Cuando el día de la muerte de una persona se acerca, una hoja con el nombre de la persona en él se cae del árbol bajo el trono de Dios. Después de cuarenta días que han pasado, Azrael debe acompañar el alma del individuo de su cuerpo hasta su destino. Azrael será el último en morir. Él es el ángel que acompaña toda alma después de ir al Cielo o Infierno.

Poco después de su creación, Azrael fue asignado para estudiar un fenómeno no bien-entendido por el Cielo en ese momento: la disposición de almas humanas. Los ángeles habían sabido durante mucho tiempo que algunas almas humanas llegaron al Cielo porque se había ofrecido la reencarnación y olvido, pero nadie realmente supo donde iban las almas. Azrael añadió a su nombre la palabra de Muerte para llevar a cabo sus deberes (las Palabras angélicas eran mucho menos competitivas). Azrael aprendió a rastrear las almas humanas después de la muerte, otros ángeles han sido incapaces de realizarlo. Él confirmó esa reencarnación y la más gran revelación era el destino de los humanos que eran pasados a un reino inferior por su egoísmo y envidia. Este reino inferior o reino de abajo había sido un lugar abandonado y vacío dónde el alma del muerto estaba para siempre en el aislamiento miserable. Pero entonces los Ángeles Caídos llegaron, y el lugar se volvió conocido como el Infierno. Los demonios estaban torturando y a veces estaban destruyendo las almas condenadas y confinadas allí. Esta revelación espantó el Cielo. Azrael se elevó al estado de Arcángel, y dado el deber de no asegurarse ninguna alma se dirigió erradamente fuera del Cielo. Él y sus servidores separarían fantasmas y sombras suavemente de sus cadenas, recuperarían las almas humanas de los dominios etéreos, e impedirían a los demonios exigir cualquier alma que no perteneció a ellos. Él no podía aceptar que las almas que se condenaron al Infierno sufrieran para toda la eternidad por errores que ellos habían cometido en sus existencias mortales. Así que el Arcángel de la Muerte empezó atendiendo al condenado, saliendo furtivamente al Infierno para localizar almas humanas que podrían ser convertidas a almas buenas. Azrael les dijo a sus Servidores que les enseñaran también a los humanos a aceptar la Muerte; que era meramente una transición a su próximo estado, y que si ellos vivieran bien sus vidas, no tenían ninguna necesidad de temerle.

En el cielo se creyó que Azrael rechazaba estar en el este, por sus constantes salidas con todo su coro, Azrael quiso continuar su misión, y dedujo que él tendría más libertad para llevarla a cabo dejando el cielo pero nunca ha dejado de servir a Dios. Los otros Arcángeles saben que Azrael todavía está vivo, pero no se habla de él en el Cielo.

Azrael y su coro tienen cuatro misiones ahora: Primero, ellos buscan separar fantasmas y demonios de sus lazos corpóreo o etéreo, para que estas almas sigan a sus últimos destinos. Segundo , ellos cazan a las almas que pertenecen a los demonios y las destruyen dondequiera que ellos se las encuentran. Tercero, ellos intentan dirigir a los humanos cerca de la muerte hacia su destino, y fuera de su destino, o por lo menos les da una segunda oportunidad en la rueda de la vida. También ellos son enemigos implacables de los Demonios del Infierno que promueven la muerte. Por último, Azrael continúa su misión de atender al condenado. Es ahora mucho más peligroso, y él sólo puede bajar de vez en cuando al Infierno, para encontrar esas almas que podrían trasformarse en buenas y así pasar las fronteras de algunos de los Principados del Infierno. Él no discute este aspecto de su trabajo, nadie sabe cuántas almas podría haber salvado, o cómo él los rescata del Infierno, o donde van las almas que él ayuda, a los Cielos más Altos, a otra reencarnación, o simplemente al olvido.

ANGEOLOGÍA Y OCULTISMO

Azrael tiene gobernación encima de la muerte y la vida después de la muerte. Azrael es asociado a Escorpión como lo es Samael. Los planetas astrológicos son Marte y Plutón. El elemento de Azrael es agua. Las plantas asociadas son albahaca y crisantemo así como el brezo. Sus colores son rojo oscuro, bronce, negro, gris.

 

Entre los otros ángeles presentes en las creencias islámicas, podemos encontrar a Rakīb y Athīd, que registran las buenas y malas acciones realizadas por las personas a lo largo de la vida.

Nakīr y Munkar, que interrogan a la persona que acaba de morir acerca de su fe.

Radwān, el ángel responsable del Paraíso, así como Mālik lo es del Infierno.

Hārūt y Mārūt, dos angeles de la magia.

Charrsk, conocido como ángel de luz y oscuridad, a cuyo cargo están diecinueve ángeles que administran los castigos a los condenados al fuego también aparece en el Cristianismo Antiguo como un arcangel neutro. Otros ocho ángeles sostienen el trono de Dios.

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